Los límites del reformismo socialdemócrata.

Posted by Nuestra publicación: on lunes, diciembre 15, 2014




Alfredo Armando Repetto Saieg

El reformismo tiene muchas limitantes al no poder plantear el fin del carácter capitalista del Estado. La caída de la UP fue la gran lección para nosotros, en el sentido de que antes que pactar o confiar en la oficialidad, en la patronal y en su “democracia”, el cambio radical se reafirma solo a través del poder popular, en el acuerdo con la tropa, en el desarrollo pleno de las comunales, de las JAP, de los cordones industriales, de los sindicatos de clase y en l@s trabajador@s combativ@s, etc.

Donde nos queda más claro que el reformismo es estéril es con los gobiernos de la Concertación quienes con esa estrategia lograron legitimar a la derecha como opción de poder. De hecho, ese discurso de que es posible humanizar el capitalismo para que la riqueza sea repartida en partes iguales es un desvarío político, ideológico y táctico que solo favorece a los grupos sociales más reaccionarios en cuanto plantea que el capitalismo es racional en la búsqueda del bien común.

Un caso no muy distinto es el de Argentina porque aunque el gobierno apela a la idea del gobierno “popular”, entregando importantes concesiones a l@s trabajador@s, tampoco está entre su proyecto, mucho menos como parte de su ideología, alterar la naturaleza capitalista del Estado. La urgencia del kirchnerismo tiene que ver con la necesidad de la patronal para estabilizar la situación posterior al 2001, cuando se gritaba “que se vayan todos”. Fue una época muy peligrosa para la clase dominante porque esas movilizaciones lo que hacen es recuperar la política para la calle, para la organización directa y para la intervención de la sociedad: a partir de las asambleas populares se reivindicó el carácter más profundo de la democracia popular.

Sin embargo, aunque se estaba recuperando el hilo revolucionario de la acción de l@s trabajador@s, cuando no estamos a la altura del momento histórico, organizad@s como clase social digo, el capitalismo siempre toma la delantera porque tiene una tremenda capacidad para reciclarse y sobrevivir al controlar la economía y el modo de producir las mercancías. Nuevamente la derrota vendría del hecho de no contar con un proyecto de país alternativo a la ideología neoliberal.

Para la élite tampoco fue fácil. Por la dimensión de la crisis ceden, mínimamente pero lo hacen. Pero, la dependencia estructural de la burguesía nacional respecto de los intereses venidos de los centros globales del poder la obliga, en el caso del movimiento reformista latinoamericano en general, a buscar el apoyo del pueblo. El kirchnerismo, el lulismo y el Frente Amplio en Uruguay deben recurrir a l@s trabajador@s organizad@s para consolidar su gobierno; a su vez para que la situación no se les vaya de las manos ejercen un control burocrático y hasta totalitario sobre el pueblo para de esta manera impedir su movilización y organización clasista.

Es Trotsky quien señaló que las particulares condiciones del modo de producir capitalista en los países estructuralmente dependientes, como los nuestros, determinaban una “relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado”. Por eso, el reformismo que reivindican los actuales gobiernos de Argentina, de Brasil y de Uruguay les horroriza la idea de que el accionar independiente de l@s trabajador@s en algún momento plantee el cambio radical, de la naturaleza capitalista del Estado.