Frontera Marítima según el fallo de La Haya.
Patricio Guzmán S.
Socialismo Revolucionario,
Comité por una Internacional de los Trabajadores en Chile.
La reivindicación de Tacna y Arica ha sido
explotada por la política del feudalismo, heredero y continuador de la Colonia,
precisamente para descartar otras reivindicaciones. La juventud, el
proletariado del Perú de hoy han respondido fraternalmente, por esto, a las
palabras de la juventud y el proletariado de Chile. Muchos problemas comunes
nos unen, para que pueda separarnos el de Tacna y Arica, que en un ambiente de
amistad y comprensión tendrá la mejor garantía de una solución justiciera. Si
la solución es hoy posible, se debe en parte a que, pese a los chauvinismos
recalcitrantes, se ha hecho ya un trabajo preparatorio en la opinión de ambos
pueblos. Los demás factores del acercamiento son bien conocidos. No es
necesario que me refiera a ellos. Económica, prácticamente, Chile y el Perú son
dos países que, como productores, se complementan. Histórica, espiritualmente,
su más glorioso patrimonio es el de las comunes, fraternas jornadas de la
Revolución de la Independencia. Y en cuanto al porvenir de la unión material y
moral de nuestros dos países, mi esperanza y mi augurio son: que una
confederación peruano-chileno-boliviana, u otra más amplia aún, pero en la que
entrarán nuestros dos países, constituirá la primera Unión de Repúblicas
Socialistas de la América Latina. ¿Utopía excesiva? Los mayores estadistas de
Europa capitalista –desgarrada por ardorosos nacionalismos, dividida por
lenguas, pueblos y tradiciones distintas-, declara su adhesión a una idea que,
en ellos si, tiene el carácter de una utopía: los Estados Unidos de Europa.
¿Por qué la juventud del Perú y de Chile no ha de confesar su ideal que no
sería sino una estación del camino a los Estados Unidos de Sud-América?
José Carlos Mariátegui.
EL CAMINO A LOS ESTADOS UNIDOS DE SUD-AMERICA
(marzo de 1929)
REFLEXIONES A PROPÓSITO DEL FALLO DE LA HAYA
El litigio sobre los límites
marítimos que se han debatido en la Corte Internacional de Justicia de La Haya
y su veredicto dado a conocer hoy, han reavivado viejas rencillas y
chovinismos. Por historia, cultura, migraciones e intereses
chilenos y peruanos somos pueblos hermanos. Hijos de las mismas desgracias,
opresiones y también de comunes luchas de emancipación nacional y social. No vamos a desconocer los tristes episodios de
enfrentamiento por las armas en nuestra historia, pero al lado de estos están las
batallas comunes por la independencia libradas por nuestros patriotas
independentistas, junto a hermanos de armas emancipadoras que venían también de
lo que hoy es Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Argentina, que se
batieron junto a Peruanos y Chilenos en numerosas batallas para asegurar la capitulación
de los ejércitos realistas en el Virreinato del Perú y con ello independencia
de los países que hoy configuran la América del Sur que fue colonia de la
monarquía española.
El nacionalismo provinciano
anti-peruano o anti chileno, chovinista y xenófobo, es un veneno atizado por las clases dominantes de Chile y
Perú, como distractor cuando conviene a sus
intereses, y los políticos populistas que detrás de consignas nacionalistas
anti-chilenas o anti-peruanas según toque muchas veces ocultan sus políticas de
entrega de las riquezas de nuestros países a
las grandes transnacionales, mientras con las firmas de tratados internacionales llamados
de libre comercio, hipotecan la soberanía a favor de los imperialismos,
asegurando a los inversores extranjeros la estabilidad de la explotación de los
recursos.
Estos políticos, y estos
gobiernos neoliberales, que ahora aparecen tan preocupadas de mantener o
recuperar aguas en el Pacífico, no han
trepidado en entregar las riquezas minerales, y energéticas a grandes
multinacionales, y a grupos económicos nacionales asociados con ellas, que con
su extractivismo depredador destruyen el medio ambiente y en el subsuelo
contaminan las napas de aguas subterráneas, poniendo en peligro la agricultura y
la sustentabilidad alimenticia de nuestras comunidades. En Chile, las aguas
marinas soberanas y el recurso marino que en ellas habita han sido privatizadas, excepto una delgada
franja por la que los pescadores artesanales han debido luchar por años.
“¿Qué vamos a perder entonces, si ese mar no lo explotan los chilenos? “
En Chile, la campaña mediática
presenta a los pescadores artesanales de Arica, como los más perjudicados por
el cambio de la delimitación de las aguas. Por nuestra parte demandamos medidas
de mitigación inmediatas al gobierno de Chile, en favor de estos trabajadores,
pero no solamente por la menor pesca que ahora puedan capturar, sino por la ley
que privatizó y regionalizó el mar exclusivo chileno, a favor de siete grandes grupos
que se quedaron con el grueso de esta riqueza que es un bien público. En Arica es el grupo Angellini, una familia que
es una de las más ricas de Chile y el mundo, el propietario de la concesión de
las aguas, de donde a través de la empresa Corpesca extrae el 75% de la pesca
que destina a harina de pescado, el 25% restante lo obtienen los pescadores
artesanales que tienen como única procesadora a la planta de harina de pecado
de Corpesca, a la que tienen que vender el grueso de sus capturas. En cambio los
pescadores de Arica ni siquiera pueden ir a pescar a aguas de otra región por
ley.
Nelson Estrada,
vicepresidente de Consejo Nacional de Pesca Artesanal declaró a Diario U.
Chile “Me asombra y preocupa cuando el gobierno se escuda en los pescadores
artesanales para defender un imperio y una transnacional. Si el gobierno se
preocupara de verdad por los pescadores artesanales, jamás se hubiera aprobado
una ley tan mala como la que tenemos ahora. ¿Qué sacamos con tener tanto mar si
los trabajadores no tenemos derechos?
El gobierno debe
hacerse responsable, somos los únicos trabajadores del mundo que estamos
regionalizados. No podemos salir a trabajar a otras regiones, a Arica le quitan
mar y sus pescadores están atrapados, no pueden salir a trabajar a otro mar
porque la ley se los impide.
Y en Arica qué
oportunidad tienen, si el único que tiene fábrica (de harina de pescado) es el
grupo Angelini.
¿Qué vamos a perder
entonces, si ese mar no lo explotan los chilenos? Ese mar, a través de una ley
de pesca, pertenece al grupo Angelini. En la zona, los únicos que compran el
recurso (anchoveta) son de la Corpesca, ellos ponen el precio, los trabajadores
viven y Angelini se enriquece.”
Historias mitificadas que exaltan el chovinismo.
La
escuela, los programas de instrucción, en nuestros países han construido una
falsa historia mítica, que ha puesto el acento no en lo que nos une como
pueblos, sino en lo que nos separa.
Las
guerras de 1836-1839 y sobretodo la guerra del pacifico implicó la cesión a
Chile, triunfador en la contienda, de la región de Antofagasta por parte de Bolivia, con lo que perdió su acceso soberano
al mar, y por parte del Perú de las regiones de Arica e Iquique.
La
guerra de 1879-1883, y las posteriores
campañas de chilenización, mediante el hostigamiento contra la población
peruana, llevadas adelante por las llamadas Ligas Patrióticas chilenas, en los
territorios que había sido peruanos dejaron animosidades y estereotipos que aún no
se han borrado de la memoria colectiva de muchos ciudadanos de nuestros países.
Sin
embargo la historia también muestra otra cara de solidaridad y entendimiento
entre chilenos y peruanos. Ha habido una permanente migración en uno y otro
sentido durante siglos, lo que se puede comprobar en anécdotas como la
existencia de bailes similares como la cueca en Chile,y la chilena y marinera
en Perú, o el uso común de palabras de origen quechua en los productos agrícolas
chilenos. Cuando usan el refrán “más chileno que los porotos”, en Chile muchos
ignoran que la palabra poroto tiene origen quechua y vino del Perú, probablemente
con los miles de indígenas de servicio que los conquistadores españoles
trajeron cuando conquistaron el territorio.
Tras
la reconquista para el imperio español de Chile en 1814, los principales independistas chilenos se exiliaron
en Mendoza donde se preparó un ejército para cruzar la cordillera y recuperar
el territorio de las tropas realistas cuyo núcleo vino desde el Perú.
La
independencia definitiva de Chile se logró con el concurso del Ejercito
Libertador, que fue conducido por el General San Martín, e integrado
mayoritariamente por voluntarios argentinos, un gran número de ellos esclavos
negros, a los que se concedió su libertad al incorporarse a las tropas
independistas. En la batalla de Maipú, el 5 de abril de 1817, este ejercito mayoritariamente conformado por
tropas que venían de allende la cordillera aseguró la independencia de Chile.
En
la lucha por la independencia del Perú, junto con los patriotas locales, tuvieron
un papel decisivo el Ejercito Libertador del Perú, que bajo el mando de José de
San Martín, financió el gobierno de Chile a cuya cabeza se encontraba entonces
Bernardo O’Higgins, y posteriormente los ejércitos que desde la Gran Colombia
al mando de Simón Bolívar y de Antonio José de Sucre, se desplazaron hacia el
Perú, y durante 1924, en las batallas de Junín y Ayacucho consiguieron la
capitulación de las fuerzas realistas y aseguraron la independencia del Perú y
de Bolivia, entonces conocida como Alto Perú. El propio Bernardo O’Higgins,
cuyo padre había sido Virrey del Perú, cuando abdicó de su cargo en Chile, se
exilió al Perú, y recibió del gobierno peruano la hacienda Santa Rosa en Lima,
donde vivió el resto de su vida. Los descendientes de Bernardo O’Higgins
nacieron en Perú y son todos peruanos.
Después
vinieron los conflictos de las oligarquías, especialmente de las oligarquías de
terratenientes-comerciantes que dominaban el comercio a través de los puertos
de El Callao, en el caso de la oligarquía basada en Lima, y de Valparaíso, en
el caso de la oligarquía basada en Santiago y se disputaban, o creían
disputarse, la hegemonía comercial en el siglo XIX en el Pacífico del Sur, los
que estuvieron en los orígenes de la guerra de la guerra de 1836-1839, a lo que
se añadió luego la disputa por el “oro
blanco”, el salitre o nitrato, que estuvo en el origen de la guerra de 1879-1883.
Esos conflictos fratricidas que opusieron a peruanos y bolivianos con chilenos,
dejaron heridas profundas en los habitantes de nuestros países, profundizadas y
traspasadas por generaciones mediante el sistema de educación, que los estados
y las clases dominantes usaron para transmitir mitos históricos funcionales a
la construcción de una nacionalidad localista que beneficiaba a las clases
dominantes, y sus políticos, que siempre tienen a mano el recurso fácil del
patrioterismo, como recurso de unidad nacional en torno a su orden y sus
intereses, cuando enfrentan ascensos de sus clases trabajadoras y de sus
pueblos.
El
movimiento obrero nació en Chile en las explotaciones salitreras, donde
laboraban juntos trabajadores peruanos, bolivianos, chilenos, e inmigrantes de otras nacionalidades. Juntos enfrentaron a
los patrones y el ejercito a su servicio, y juntos murieron en masacres
sangrientas como la de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907, o la de la Plaza Colón, de
Antofagasta, el 6 de febrero de 1906.
Uno de los pioneros de la organización de los trabajadores en Chile, fue el tipógrafo peruano Victorino Laínez que fundó en Santiago, el 18 de septiembre de 1853 la Unión Tipográfica de Santiago, y dos años más tarde, en Mayo de 1855, la Sociedad Tipográfica de Valparaíso.
Contra el chovinismo miope: El enemigo está en
casa.
Este nacionalismo miope, entre
gentes de repúblicas vecinas y hermanas
en Chile y Perú, sirve para obnubilar las
reivindicaciones nacionales de los trabajadores y los pueblos de nuestros países.
La gran masa de los peruanos y chilenos, tenemos intereses comunes. Los trabajadores chilenos en Perú, y peruanos
en Chile, son nuestros hermanos de clase, y más aún son nuestros compatriotas,
de esa patria grande, socialista y democrática, que las clases trabajadoras podemos
construir en toda nuestra América. Nuevamente hay que repetir el llamado que lanzaron
los genuinos socialistas europeos, los espartaquistas alemanes, los
bolcheviques rusos, frente a la guerra mundial y la masacre masiva:
“El enemigo está en casa”, nuestros enemigos no son los trabajadores de otro
país, nuestros enemigos son los capitalistas, los imperialistas y las
instituciones descompuestas a su servicio.
De la misma manera que el General
José de San Martín comprendió que la independencia de las Provincias Unidas del
Rio de la Plata, que dieron origen a Argentina, no estaría asegurada mientras
Chile, y sobretodo el Perú fueran bastiones realistas españoles, nosotros no
vamos a poder evitar la explotación de nuestros recursos humanos y materiales
por parte de las grandes potencias económicas imperialistas. Ya son cinco siglos
de saqueo de nuestra América, que serán más, si nos mantenemos divididos y fragmentados.
Si escuchamos los cantos de sirenas de este nacionalismo provinciano y falso
que opone trabajadores contra trabajadores, en beneficio de las clases
dominantes y los imperialismos a los que estas elites están asociadas. Nuestros
intereses son los de la construcción de la “Patria Grande”, en la defensa común de los intereses de los
trabajadores y los pueblos de la América Latina, los indígenas, la de los
migrantes de las cuatro esquinas del
globo, los morenos, y todos los mestizajes. Nuestro horizonte es el que señaló el
gran intelectual, y líder del movimiento obrero y socialista, J.C. Mariátegui.
El Amauta peruano, que señaló el camino para la emancipación, para la vida
buena, a los pueblos de nuestro continente.
Con el mayor desprecio por los que animan enfrentamientos fratricidas, nuestro
anhelo superior, la gran tarea democrática nacional es la unificación de
nuestro continente, nuestra meta común
es la Federación Socialista de nuestra América, sobre la base del respeto y la
autonomía de todos los componentes de nuestros pueblos diversos.
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