Kaos en la Red
Aparte de los fastos, del derroche de hipocresía institucional que ha convergido en el sepelio de Mandela, también ha tenido lugar un cierto debate sobre su actuación política. Un debate que tiene un sentido aquí y ahora.
Una introducción. Mandela fue un líder revolucionario intransigente que defendió la no-violencia, pero que también justificó una lucha armada como una contraviolencia.
Se negó a deslegitimar esta respuesta armada a cambio de su libertad, y esto lo hizo un hombre que había pasado la mayor parte de su vida en la prisión. Pero su liberación era inaplazable, hacía ya mucho tiempo que en Sudáfrica la lucha por la justicia, renacía cada día en movilizaciones sociales que desafiaban la extrema brutalidad de un régimen –el del “apartheid”-, que Mandela situaba solamente un escalón más bajo que el nazismo.
Una vez liberado por la lucha de su pueblo, Mandela, el ”terrorista” más denostado por los EEUU y la apabullante “nomenclatura” neoconservadora, arrasó electoralmente. Su mandato estaba escrito desde los años sesenta, y tenía un nombre: la Carta de la Libertad. Una propuesta unitaria que unía libertad, igualdad y fraternidad. Unos principios a los que Nelson dedicó su vida, y por los que se declaró dispuesto a morir.
Sin embargo, una vez en el poder, Mandela no dijo nada de expropiar a los expropiadores. No tocó los privilegios de una minoría blanca que practicaba el fascismo cotidiano.
Optó por la “reconciliación”, por una puesta en escena de una Comisión de la Verdad en base las cuales los que habían perpetrados crímenes contra el pueblo, pudieron pedir disculpar y expiar sus atrocidades. Esta medida incluyó justamente las páginas más sucias de la guerrilla, pero no tocó la parte más alta y más sórdida del “Gulag” blanco. El propio de Klerk, como antes Kissinger o el repulsivo sionista Begin (por cierto, el Estado de Israel fue un amigo incondicional del gobierno de Pretoria) o el venal Obama, recibió el Nobel de la Paz.
Está claro que Mandela y el ANC tuvieron sus razones para optar por este camino. Se trataba de evitar el chantaje de una “guerra civil” en la que la fracción más fascista del “Poder blanco” tenía el monopolio de las armas, así como el apoyo del “nuevo orden internacional”. El contexto histórico no podía ser más reaccionario: la victoria de la “contra” servida por el fascismo exterior USA en Centroamérica, era un buen ejemplo. Mandela optó por la “reconciliación”, y creó puentes entre la mayoría negra y la minoría blanca Pero en esta victoria, la mayoría trabajadora no estuvo invitada al convite.
El ANC, con el apoyo del viejo SAPC (que había sido siempre sus aliados), se dedicó a “gestionar” el “tratamiento de shock”, el horror económico del neoliberalismo, de manera que no han hecho más que destruir las conquistas sociales y aumentar la miseria de los condenados de la tierra. De paso, esto ha beneficiado a un sector de la clase media nacionalista y antiguos líderes y cuadros de la “revolución”, se han enriquecido. Entre ellos, la propia familia del propio Mandela. Este mismo acabó convertido en un héroe asimilado por las grandes multinacionales de la información…
Mandela es un héroe tan admirable como discutible. Admirable por su la extraordinaria integridad de su lucha, discutible porque se olvidó de las clases sociales. Ni tan siquiera se planteó aquello de las etapas, primero lo que era posible, dejando para después lo que era necesario.
Se ha hablado de su nexo con Gandhi, se ha reivindicado su carácter de líder “comunista!” y “tercermundista”. Se le ha dado un protagonismo quizás excesivo en detrimento del movimiento de masas, un movimiento que, como sucedió aquí en la Transición, fue cooptado por las cúpulas.
Por otro lado, el destino de Mandela es indisociable del destino de África, el continente más expoliado del pasado y del presente. Hay que ver a Mandela en el rostro de los que mueren o son maltratados en Lampedusa o Ceuta.
2. El cine puede ayudar a debatir. A diferencia de otras experiencias claves en la historia social, la sudafricana cuenta entre nosotros con una potente bibliografía, aunque en los años ochenta, solamente las editoriales militantes como IEPALA (1), publicó obras contra el “apartheid”. También cuenta con una abundante filmografía (2), en la que Mandela juega un justo papel protagonista. Dicha filmografía cuenta tanto con documentales como con películas de ficción y, por lo tanto, la posibilidad de efectuar una buena discusión sobre Mandela y su legado, es perfectamente posible.
El sistema del cine-forum solamente es asequible con el formato documental, con metrajes de alrededor de una hora. Se pueden encontrar en cualquier parte, en los rastrillos sin ir más lejos, esto por no hablar de emule o del Ares. Al contrario que las películas, no suelen plantear problemas de derechos de emisión. Una sugerencia: el trabajo de Joyce Shelton para Dsicovery Channel, Apartheid: un futuro incierto. Por lo general, estos documentales, aunque producidos por canales normalmente conservadores, asumen plenamente la denuncia del “apartheid” e informan de las intensas luchas que precedieron la libertad de Mandela.
Pero el personal que tenga verdadero interés en el debate, tienen a la mano ver por su cuenta las dos películas que tratan especialmente el perfil reconciliador de Mandela, una es, Invictus, muy reciente y conocida y nos presenta al Nelson más pacificador, aunque su director, Clint Eastwood, no se olvida de subrayar al final el tremendo asunto de la miseria del pueblo, aquel pueblo que se jugó su vida y su libertad en la lucha por la libertad de Sudáfrica y de Mandela.
La segunda es Adiós Bafana (3), cuyo contenido se puede resumir en la siguiente sinopsis: Narra la vida de James Gregory, un sudafricano blanco, guardián de prisión a cargo de Nelson Mandela, desde la encarcelación de este último en los años 60 hasta su liberación en 1990. Durante 25 años, Gregory se ocupó de Mandela día tras día. Fue su carcelero, su censor, pero también su confidente, desde Robben Island hasta Pollsmoor, y finalmente en Victor Verster, donde fue liberado en 1990…Es entre todas, la que mejor explica la estrategia de Mandela de darle la vuelta al odio, tratando a sus carceleros como querían que le trataran a él: como un ser humano con sus circunstancias…
Su director, el sueco Billi August, ganó prestigió con su adaptación Pelle el conquistador, una saga proletaria danesa magistralmente interpretada por Max Von Sydow, si bien su carrera ulterior resulta muy discutible.
La película de August describe una situación paradójica: se plantea quien de los dos, el preso o el guardián, es que está realmente el preso y cuál el hombre libre. Mientras que Mandela sufre en sus carnes las vejaciones y las humillaciones, su dignidad y su imaginación permanecen libres, y las de Gregory en cambio, están sujetas a unas cadenas invisibles, está presa de sus miedos y su indignidad.
La base argumental está basada en las propias memorias del carcelero, un tal James Gregory (Joseph Fiennes), es por lo tanto otra historia sudafricana contada por un hombre blanco. Pero a la postre, la historia de Gregory es la prueba de las ideas de Mandela sobre la capacidad de cambio, explica el cineasta. Se demuestra la importancia de la reconciliación en un mundo con más conflictos que nunca. El tal Gregory es un arquetipo de blanco racista que considera a los negros como una especie subhumana. Creció en una granja de Transkei y aprendió a hablar xhosa de niño, de ahí que sea el escogido para vigilar a Mandela (Denis Haysbert) y a sus compañeros en la prisión de Robben Island. En un principio, Mandela reacciona con ira, luego recapacita. A las malas todo puede ser peor, se trata de saber cambiar las actitudes, y así es, lentamente la lealtad del carcelero se incline poco a poco hacia la lucha de liberación de Sudáfrica.
Dado el escaso conocimiento del público sobre la historia real, es de agradecer a August el empeño de recreación del momento histórico y las vicisitudes de Mandela a través del rodaje en escenarios naturales y de una documentación rigurosa. La narración no escatima información de las tres décadas que Mandela pasó una cárcel ideada para destruirlo. Como ya hemos contado en otro lugar, en 1963 se le acusa de sabotaje, traición y de conspirar COI otros líderes políticos, por lo que es condenado a cadena perpetua. Cuando el presidente Frederik De Klerk levantó la prohibición que pesaba sobre el CNA, Nelson Mande! fue liberado en medio de la movilización más impresionante de la historia africana.
4. Notas aparecidas en Filmaffinity Tras Hotel Ruanda, el Señor de la Guerra, el Jardinero Fiel, el Último Rey de Escocia y Diamante de Sangre llega otra producción, esta vez para narrar a través de la experiencia del carcelero de Nelson Mandela la historia de éste último y de Sudáfrica. La narración es tranquila y está bien llevada, sin sobresaltos, lo que provoca que a veces caiga en una monotonía un tanto plana y previsible. Sin embargo tampoco cae en un sentimentalismo barato y facilón y hay que dar gracias por que se siente como el aprecio entre Mandela y su carcelero es mutuo y sincero sin necesidad de exagerar las emociones. Por otro lado, la transformación del carcelero es un poco artificial y no se explica muy bien y el papel de la mujer se queda a medio camino entre una coprotagonista y una secundaria lo que deja un extraño sabor de boca. Aún así, a pesar de cierta superficialidad en algunos aspectos en el aspecto narrativo, el aspecto documental está mejor cuidado y se traza de forma clara e instructiva la historia de Sudáfrica y la evolución política del país. Y eso afín de cuentas no deja de ser tal vez lo más importante de una película como esta.
Sugerente historia que narra la vida de un oficial de prisiones sudafricano -blanco, por supuesto- cuya vida se ve inexorablemente unida a la del preso político probablemente más famoso de todos los tiempos: Nelson Mandela.
A lo largo de la historia, el director va trenzando de modo pausado y sin sentimentalismos fáciles las historias del joven oficial y de la propia Sudáfrica. Sin profundizar en la convulsa vida política de esa extraña nación, trata de reflejar el punto de vista de la minoría blanca, simple y llanamente, intentando comprender cómo se ha podido mantener el apartheid prácticamente hasta el año 90, año de la liberación de Mandela.
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