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¿Hasta dónde podemos llegar “por amor al arte”?

Posted by Nuestra publicación: on jueves, septiembre 08, 2016


Foto: Patrick Marloné / Flickr
A menudo, los artistas y trabajadores del sector cultural hacen grandes sacrificios personales en nombre del arte. ¿Pero por qué debemos aceptar pésimas condiciones laborales para el beneficio de otros? ¿Sólo porque se supone que nos gusta lo que hacemos?, se pregunta la bailarina Marisa Cabal.
Cualquier joven que decide empezar estudios artísticos o implicarse en una actividad creativa sabe que no es la profesión más rentable. En general no es una opción que se elige desde una óptica económica.



Hay una multitud de razones por las que elegir una vocación artística: el desarrollo personal, el deseo de utilizar un medio artístico en concreto, la fascinación por un artista o por una obra, la satisfacción de trabajar en algo que guste realmente, la ambición de crear un mundo, un lenguaje estético, la canalización de un cuestionamiento político o una crítica social mediante otros medios, etc. Pero estos motivos a menudo entran en conflicto con la realidad del mercado del arte, dominado por una ideología capitalista neoliberal.
En Europa, los sectores culturales y creativos en su sentido más amplio emplean a 7,1 millones de personas – 2,5 veces más que la industria del automóvil y por encima del sector metalúrgico o el químico. Estos producen 536.000 millones de euros, es decir, un 4,2% del PIB europeo, según el informe de la empresa consultora E&Y.
Durante el período más agudo de la crisis, entre 2008 y 2012, el número de empleos en la industria cultural aparentemente aumentó en un 0,7%. Pero, este crecimiento va de la par con una gran vulnerabilidad y precariedad económica de sus profesionales. Además de ser uno de los primeros sectores en sufrir recortes y medidas de austeridad, algo que a menudo no se refleja en las estadísticas.
Hoy día, tras la retórica que envuelve a la "nueva economía creativa" se esconden condiciones de extrema precariedad laboral. A los artistas y trabajadores culturales incluso se les llama "precursores de la nueva clase creativa", aunque lo cierto es que su situación laboral es una realidad incómoda.
Los contratos a largo plazo son una excepción. Pero, la precariedad a la que se enfrentan va más allá de la inseguridad de un contrato temporal. En general, el horario de trabajo es extremadamente flexible y muchas veces la cantidad de trabajo supera a la cantidad de horas remuneradas. Incluso algunos llegan a pagar de su propio bolsillo para poder trabajar.
A esto hay que sumar otras desventajas como el bajo nivel de ingresos, sin vacaciones pagadas, sin pagas extra o bonificaciones, sin protección contra despidos improcedentes, las limitaciones respecto al seguro sanitario o la jubilación, con muy poca representación sindical, etc.
¿No tendríamos los artistas que empezar a tomar en serio nuestra condición de trabajadores?
En el sector artístico, como en cualquier otro sector, se pueden distinguir diferentes roles económicos. Uno es el de creador independiente – que trabaja por sí mismo o dentro de un colectivo. Otro es el del artista que trabaja para ayudar a realizar el proyecto artístico de otra persona. Un tercer rol es aquel que emplea a otros para crear su propia visión artística.
A menudo, los artistas cambian varias veces de rol durante su carrera, diariamente incluso. Pero la mayoría de nosotros pasa más tiempo en la categoría de trabajador, de un tipo u otro.
La categoría de empleador, que puede o no ser un artista, es la que generalmente tiene la “propiedad intelectual”, aunque en el mejor de los casos sólo haya creado una parte de la obra. Cuando trabajamos para un empleador en un proyecto artístico, en vez de trabajar para nosotros mismos, la relación es complicada. Esta relación es a la vez artística – entre “creador” e intérprete o asistente – y económica – entre empleado y empleador.
Sin embargo, culturalmente, la industria del arte nos incita a pretender que solamente existe la relación artística. La relación económica muchas veces se menosprecia o se considera secundaria a la artística. Está incluso mal visto escoger un trabajo artístico sólo por necesidades económicas. Este prejuicio social hace que cualquier conflicto respecto al salario o a las condiciones de trabajo sea mucho más difícil de abordar y de solucionar. Así, "por amor al arte", se llegan a aceptar condiciones laborales realmente desastrosas. Al final, la precariedad de muchos resulta en el beneficio de unos pocos.
Por supuesto, el arte no debería estar condicionado como lo está hoy día a una lógica de mercado. Su existencia no debería ser justificada por la rentabilidad comercial. Todo el mundo debería tener libre acceso para disfrutar y crear arte, de la misma forma que todos deberíamos tener acceso a la sanidad y la educación. Pero la lógica sofocante del capitalismo nunca lo permitirá totalmente.
Aunque se lo pidamos educadamente a la clase dirigente capitalista, o a sus políticos y burócratas, nada cambiará. No les importan ni los hechos ni las cifras, no les interesa escuchar argumentos convincentes. La realidad es que la avalancha de recortes, privatizaciones y precariedad en la que vivimos tiene un objetivo muy claro: la explotación de muchos para asegurar la riqueza de unos pocos.
Los trabajadores del sector artístico y cultural tenemos mucho en común con los trabajadores del sector público que se enfrentan a recortes, con los trabajadores del sector privado cuyos jefes utilizan la crisis para atacar sus salarios y condiciones, con los trabajadores precarios por todas partes, con los desempleados – muchos de los cuales son artistas. Necesitamos un movimiento generalizado de aquellos que sufren las consecuencias de la austeridad, con la perspectiva de romper con la lógica del sistema capitalista. Los trabajadores necesitan tener la propiedad colectiva y el control democrático de lo que producen, para acabar con las contradicciones entre el capitalismo y el arte, y entre el capitalismo y la sociedad. Eso es lo que significa el socialismo. Cuantos más seamos, más fuertes seremos. Únete a nosotros.
Marisa Cabal es bailarina, de Barcelona, trabaja en Bruselas, y es miembro del Comité por una Internacional de los Trabajadores

Chile - Documentalista Patricio Guzmán acusa a la TV chilena

Posted by Nuestra publicación: on miércoles, octubre 07, 2015
Patricio Guzmán, el documentalista de la memoria, que acusa a la TV chilena de falta de comprensión históricaPatricio Guzmán, el documentalista de la memoria, que acusa a la TV chilena de falta de comprensión histórica En "El botón de Nácar", su más reciente película, que acaba de estrenarse en Fidocs, Guzmán combina la memoria y el agua con un sentido de responsabilidad, que tiene el género documental, de contar una verdad. Una responsabilidad, que no reconoce en los exhibidores y mucho menos en la TV chilena, a quienes acusa de falta de ética al robar imágenes, calificándola de subdesarrollada. Re...

Chileinforma.com    29 de Septiembre del 2015


Patricio Guzmán, el documentalista de la memoria, que acusa a la TV chilena de falta de comprensión histórica

por Rosario Ojeda y Héctor Cossio 28 septiembre 2015
Patricio Guzmán, el documentalista de la memoria, que acusa a la TV chilena de falta de comprensión histórica
En "El botón de Nácar", su más reciente película, que acaba de estrenarse en Fidocs, Guzmán combina la memoria y el agua con un sentido de responsabilidad, que tiene el género documental, de contar una verdad. Una responsabilidad, que no reconoce en los exhibidores y mucho menos en la TV chilena, a quienes acusa de falta de ética al robar imágenes, calificándola de subdesarrollada. Respecto del anunciado canal cultural, el realizador afirma: ver para creer.


Hace poco Patricio Guzmán regresó por unos días a Chile. Venía a presentar en el Festival de Documentales Fidocs, su último y aplaudido documental: El botón de Nácar, una película por la que ganó el Oso de Plata en Berlín y se encuentra participando en las principales instancias del cine internacional, donde ha sido ovacionada. Es una película sobre la memoria, la nuestra, la chilena y la suya personal. Un registro metafórico que penetra de manera punzante la realidad, removiéndola.

-En entrevistas ha dicho que el género documental es como un "virus" de la creación artística. ¿Cómo así?

-El documental siempre remueve.Es un elemento que súbitamente deposita una verdad en medio del ambiente cinematográfico; no quiero decirte que esto ocurra siempre, pero un buen documental sobre Centro América, sobre Guatemala, sobre Nicaragua, sobre Salvador, de pronto establece una verdad que nadie antes había conseguido con tal fuerza. El documental tiene la capacidad de poner en la mesa un tema que nos interesa a todos de cualquier país del mundo y de una manera nueva y no con largas explicaciones un poco aburridas, con expertos que con pipa o cigarrillo hablan delante de la cámara y son muy aparatosos, no, la realidad misma. Si hoy hubiera una cámara sumergida en Irán, no siguiendo las noticias sino dando cuenta de un proceso, sería extraordinario

Los procesos y conflictos con flash de noticias cada vez se entiende menos.

-¿Por eso consideras que el documental requiere más ética que la ficción?

-La ficción también requiere ética, los dos por igual. Lo que pasa es que en ficción hay un deslizamiento hacia el escándalo, constantemente. En el documental no lo puede hacer tanto porque se nota. Si de repente empiezas a hacer una película sobre Medio Oriente o sobre Centroamérica, y te lanzas con una tesis extraña, se nota. Se ve que hay una manipulación que no concuerda con lo que tú has oído del tema. Y eres descubierto y tu película cae en el descrédito inmediatamente. No te la compra nadie, etc. Es decir, tienes que tratar, en lo posible, de ser correcto, sincero, llegar hasta un punto en que lo entiendas y decir ‘esto de acá no lo entiendo’, pero decirlo todo. Y así la película queda verdadera. Y si queda verdadera, va a tener éxito, sin ninguna duda.

-Para alcanzar esa verdad, la incomodidad que provoque es vital, ¿no?

- Lo que pasa es que algunas películas, por ejemplo La batalla de Chile, si se la muestras a la gente de la derecha, se van a ir, o van a decir, “no, esto no fue así, es una mentira, es falso, toda esta película es manipulada, han hecho una mezcla aquí”. Porque ellos creen que lo que hicieron fue muy bueno. Y no lo fue, fue el resquebrajamiento de un sistema democrático que duraba mucho tiempo, de una manera absoluta. De eso se trata todo, el documental como un espejo.

-¿Le cuesta a Chile revisar sus tragedias?

Sí, y creo que es fundamental hacerlo, o sea no hay una colaboración expresa de tanta gente como uno quisiera, yo creo que los textos existen y es cosa de que los profesores digan lean esto, pero no sé si lo hacen, no tengo idea, porque lo que yo veo es que hay un deseo de olvidar el Golpe de Estado rápidamente y tu sabes que esas cosas no se pueden olvidar, finalmente no es una historia tan compleja, pero no veo un espíritu común de profesores apasionados que quieran transmitir, el revés, lo quieren olvidar, un pueblo que olvida su historia está perdido. Y si se olvida al punto de como se hace aquí en Chile, porque si tu vas a Argentina la gente sabe que hubo un Golpe de Estado y lo que significa eso, los 30 mil desaparecidos, hay una conciencia de lo que pasó, aún existen asociaciones que exigen aclaraciones con respecto a las injusticias de la dictadura, en cambio aquí no hay casi nada, todo es muy moderno hoy en Chile, pero nos olvidamos de lo que pasó.

-¿La televisión pública también es responsable de esta falta de comprensión histórica?

-Desde que la televisión volvió a la democracia no ha hecho un verdadero repaso histórico a lo que ha pasado aquí. Hubo un intento cuando se cumplieron 40 años del golpe, y se hizo lo mejor posible, se habló mucho del Golpe de Estado, de la Unidad Popular de Allende, etc. Agarraron cientos de partes de la Batalla de Chile y los pasaron, pero nunca la dieron entera, se habló mucho pero al final daba la impresión de que solo eran hechos del pasado muy puntuales pero que no inciden en el presente y es todo lo contrario; nosotros somos hijos directos de un Golpe de Estado y tenemos que sacudirlo de encima hablando de él y mientras más lo hablemos y lo analicemos y lo estudiemos, se va a superar. Mientras no hagamos eso vamos a seguir entrampados y va a pasar el tiempo y vamos a morirnos todos los que estuvimos ahí y van a tener que seguir los más jóvenes, porque un país con ese problema no despega, hay casos de países con hechos terribles no resueltos y han dado como resultado países fantasmas.

-Pero aún cuando los testigos directos vayan muriendo, quedarán las imágenes...¿Ha logrado llegar a acuerdo respecto al derecho de tales registros con TVN?

-No, ellos me han robado sistemáticamente imágenes, durante años, años y años. Yo al principio reclamaba y mandaba cartas y una vez uno de los directores de TVN me pagó como 20 o 30 minutos que dieron en la televisión, me los pagó, era de apellido Piñera (Pablo, el hermano de Sebastián) Fue el único correcto y me pagó lo que correspondía, pero se ha seguido exhibiendo. Robaron mis películas y no solo las mías; han robado imágenes de agencias, sobre Chile, también sin pagarlas, porque en TVN hay muy poca ética en ese sentido, es una televisión completamente subdesarrollada.

-¿Esta crítica es solo para la Tv chilena?

-Es un comportamiento bastante esparcido en América Latina. En las televisiones de Brasil, de Colombia pasa cualquier cosa. Por eso que a muchos productores de cine de ficción no les interesan estos mercados, porque saben que van a pagar poco y que además les van a robar copias, entonces no mandan la película y ese es el resultado de que América Latina este desprovista de materiales cinematográfico modernos. Hay pero poco si tu lo comparas con lo que hay en Europa y Estados Unidos, en donde existe un respeto por quien hizo las imágenes, por quien se la jugó por tomarlas, un respeto al productor de esas imágenes que quiere tener acceso a lo que históricamente relatan.

-¿Y qué hay de la institucionalidad? ¿ del apoyo al género documental?

- Yo la única vez que he obtenido el Fondart fue el con El botón de nácar, pero en las 13 que hice antes no me dieron un centavo y lo pedí siempre, lo pedí desde La memoria obstinada y para 5 producciones posteriores y me las rechazaron todas. Entonces pensaba que yo no tenía cabida, pero hay muchos realizadores chilenos a quienes les han rechazado sus proyectos también. Es un aporte importante lo que entregan. Con 100 mil dólares te alcanza para hacer un documental.

Para esta última película me lo dieron. Pienso que que tal vez pensaron: “Este se va a morir y nunca le hemos dado el fondo”, pero es una situación mala, porque hay muchos chilenos que seguimos haciendo cine fuera de Chile, algunos ya han muerto, otros van y vienen como Valeria Sarmiento y hay otros como Marilú Mallet, que es una gran documentalista que vive en Canadá y que nunca le han dado bola.

-El pasado 21 de mayo, la Presidenta Bachelet prometió un canal de tv cultural ¿confía en que se materialice el proyecto?

-Quiero creer en el proyecto y si me pidieran mi apoyo lo daría, quiero verlo primero, si lo ha prometido la Presidenta y dice que lo va hacer, quiero verlo en marcha y cuando esté en marcha diría “miren aquí tengo La batalla de Chile cada parte vale, por decir algo diez mil dólares y son tres partes, si ustedes la quieren pasar hagamos un contrato, si dicen que sí y lo hacen sería estupendo, pero no me creo hasta verlo en marcha, porque los cineastas estamos aburridos que durante años no hayan robado tantas películas.

Tanto se habla de lo moderno que es de la economía ¿y la cultura qué? ¿y las imágenes qué? En Chile hay 10 directores de ficción interesantes 4 o 5 documentalistas muy interesantes, que ganan festivales, pero venden sus trabajos afuera no aquí y luego te das cuenta que afuera se conoce a Chile mucho más de lo que los chilenos conocen a Chile, es el colmo, porque si los chilenos fueran a París y se dieran cuenta que El Botón de Nácar se de en cuatro salas durante siete meses la irían a ver, pero aquí pasa todo lo contrario, se da en diez salas en todo el país y en dos meses está fuera.

Acá a se trabaja como un cine amateur, eso ha imperado aquí durante mucho tiempo y más con el documental que con la ficción, porque el documental se considera inferior

-Fuera de esta situación, "El botón..." es parte de una trilogía. ¿Y estás trabajando en esta que tiene la Cordillera de Los Andes como eje central?

-Quiero hacer una última película a partir de esas montañas, que comienza en Alaska, sigue por Estados Unidos, México, centro América, etc, pero yo voy a tomar el trozo chileno, porque es un muro que arrincona al país y hace pensar ¿qué sería de Chile si no existiera esa cordillera? Si fuera plano, por ejemplo, uno pudiera pasar a argentina en auto tranquilamente, que significa que esas montañas hayan condicionado nuestra idiosincrasia, nosotros somos así porque hay una cordillera y quiero saber por qué, ese tema me atrae, voy a tratar de entrar a algunos lugares y conversar con alguien, porque hay gente que vive ahí, pero te estoy hablando de una película que va a estar terminada en tres cuatro años más, por que yo hago películas en mucho tiempo. 

Bertolt Brecht, un luchador antifascista

Posted by Nuestra publicación: on viernes, octubre 02, 2015

Cuando me acercaba hasta la Chausseestra’e, buscando el número 125, yo iba pensando en las sensaciones que debió experimentar Brecht cuando volvió a Berlín tras la guerra, quince años después de haberse exiliado.


No hay duda de que, tras su retorno, pese a su celebridad, con el mundo transformado, sería un hombre más entre las ruinas de Berlín, acechando los abedules que pugnaban por crecer entre los cascotes, mirando de lejos la montaña artificial que los supervivientes levantaron con los escombros de la guerra, ordenando sus libros, empezando la vida de nuevo bajo el color gris, agonizante, de Berlín.
Reparé en lo lejanas que quedarían para él las batallas callejeras durante la revolución aplastada, el parque Treptower donde Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht reunieron a ciento cincuenta mil obreros en huelga, el eco de la matanza de los dirigentes espartaquistas. Antes de ir a la Chausseenstra’e, donde vivió Brecht sus últimos años, yo había ido al número 18 de la Sophienstra’e, la calle donde fundaron la Liga de Espartaco, que después sería el Partido Comunista de Alemania, para ver la placa que recuerda los hechos, casi oculta.
En esa Alemania de posguerra, repleta de cadáveres, en la que un Ernst Jünger que ya no lleva el uniforme de la Wehrmacht anota, el 10 de mayo de 1945: ’Estoy sentado en la hierba, viendo como juegan los gatos’, mientras mira a los refugiados que se arrastran por los caminos, es donde Bertolt Brecht inicia la última década de su vida.
Todos los fantasmas siguen estando presentes, y no es casual que, cuando se instala en Berlín, trabaje conAntígona, subrayando las semejanzas de la Alemania destruida con la obra de Sófocles, aunque, como él mismo subraye ’la figura del resistente del drama antiguo no puede representar a los combatientes de la resistencia alemana’.
Mientras llegaba a la Chausseestra’e, también iba pensando en las mujeres que rodearon a Brecht: en la cantante Marianne Zoff, con la que estuvo casado en los años veinte y con quien tuvo una hija que después sería actriz.
Brecht ya había tenido un hijo, Frank, con poco más de veinte años, de quien celebraba su inclinación por lo absurdo.
Y en Helene Weigel, su última esposa, madre de dos de sus hijos; en Lotte Lenya, esposa del músico Kurt Weill; en Elisabeth Hauptmann y en Margarete Steffin, que trabajó con el dramaturgo alemán y que murió en Moscú, tuberculosa.
Y en Ruth Berlau, una actriz amante de Brecht. En fin. Sin duda, ese recuento era debido al revuelo que causó en su día la obra de John Fuegi, un catedrático norteamericano de la Universidad de Maryland, que escribió una biografía de Brecht donde mantenía que la mayoría de las obras del escritor alemán habían sido escritas por sus colaboradoras: otorgaba la autoría de La ópera de cuatro centavos, por ejemplo, aElisabeth Hauptmann.
Las palabras de Fuegi serían utilizadas por los grandes medios informativos para proseguir con ahínco la demolición sistemática de la razón de la izquierda. Otros, antes, habían hablado de los supuestos plagios de Brecht, sin saber ver la capacidad del dramaturgo alemán para integrar elementos de la tradición clásica en la creación de obras originales que otorgaban una nueva capacidad de comprensión al espectador.
Al acercarme, también pensaba, era inevitable, en la madre Carrar, esa mujer que guardaba los fusiles durante la guerra civil española, obra que se representó en París en 1937, cuando España se desangraba.
Llegué por fin. Allí estaba la casa, junto al Dorotheenstädtischer Friedhof, un pequeño cementerio. Ahora es un lugar tranquilo, donde nada recuerda al nazismo y a la guerra que había expulsado a Brecht y a Helene Weigel, la última mujer de su vida. Ambos vuelven a ese otro Berlín destruido el 22 de octubre de 1948. Han estado quince años en el exilio y, como nos dice el poeta en ’A los hombres futuros’, en los difíciles años del éxodo: ’cambiábamos de país como de zapatos’.
Brecht, como Ernst Toller, es hijo del desastre de la primera guerra mundial, del hundimiento de un mundo que apenas unos años atrás del estallido de la gran guerra no podía siquiera imaginar que una generación entera moriría entre el barro de las trincheras. Un mundo que había pasado de la conciencia del absurdo, enFranz Werfel, y del vacío de Nietzsche, a la exaltación de la guerra y después a la ferocidad de la muerte, a la agonía viscosa y pestilente de las patrias, a la conciencia de la inutilidad del sacrificio que Karl Kraus mostraba ya en 1918 en Los últimos días de la humanidad.
En esos años de aprendizaje Brecht había anotado sus impresiones, con la llegada de la penuria tras la guerra, en cuadernos que él mismo fabricaba, envuelto en la efervescencia del expresionismo que inundaba el arte y la literatura, ese expresionismo que, pese a su radicalismo, para Lukács, no dejaba de ser un anticapitalismo romántico.
Son los años en que Brecht trabaja con Max Reinhardt, en el Deutsches Theater de Berlín, comparte amistad e ideología con el escritor Lion Feuchtwanger, y se interesa por el teatro proletario que había creado Piscator en 1920 apartando el nihilismo imperante que parecía asumir la totalidad del rechazo social al espanto de una época que había visto el horror de la gran guerra.
Es en ese Berlín de los años veinte en el que Brecht sorprende al mismo Piscator que, en medio del cansancio de los ensayos del Theater am Nollendorfplatz, agotados los actores tras semanas de preparativos, viendo llegar el amanecer tras una noche de agotador ensayo, se maravilla de que Brecht estuviese fresco, tranquilo, fumando sus puros.
Esa imagen de Brecht, tranquilo, reflexivo, embutido tras sus gafas, es la que tenemos con nosotros.
Un contemporáneo lo veía entonces como ’un condenado de Sing-Sing’ y afirmaba que había en él ’algo del secretísimo comisario secreto enviado por un misterioso departamento de agitación y propaganda de Moscú’.
En realidad, con sus gafas de alambre, con su austeridad, era un hombre tímido, aunque inspirara temor según algunos: ya se sabe que la timidez y la soberbia, a veces la pedantería, tienen confusas fronteras.
Sabemos como era, entre otras cosas, porque su amigo Lion Feuchtwanger lo plasmó en su novela Erfolgen la figura de Kaspar Proökl. El Brecht de menos de treinta años vive sus años de formación y de bohemia, pero también de compromiso político, que ya se había manifestado: aunque sea muy desconocida, durante su participación en la gran guerra, destinado en las salas de un hospital de retaguardia, figura como miembro del consejo de soldados del hospital, y sus inclinaciones, aún confusas, le llevarán a participar en el proceso revolucionario que crece en distintas regiones de Alemania y que será derrotado por la conjunción de la vieja derecha y de la socialdemocracia.
En el propio Augsburgo, en su Baviera natal, Brecht participa en la proclamación de una república soviética de Baviera, que será aplastada sin piedad. Había invertido una parte de su juventud en la taberna de Gabler, en su Augsburgo natal, o en el Romanisches Café de Berlín, y su temprana significación política le llevará a estar incluido en la lista de personas que debían ser arrestadas durante el fracasado putsch de Hitler en Munich.
Ya instalado en la capital alemana, se relaciona con Feuchtwanger, con Piscator, con Reinhardt, Grosz, Mehring -otro dramaturgo, fundador del Polistisches Cabaret, que coincidiría después con Brecht en el exilio norteamericano-.
Se inclina por el socialismo, aunque eso no le impide apreciar a Chesterton: Brecht es un joven inteligente.
Tiene también dudas sobre el bolchevismo, envuelto en la guerra civil, por el racionamiento de alimentos y por el servicio militar obligatorio que impone. De esos años son sus Tambores en la noche y En la espesura de las ciudades, donde nos habla de la revolución espartaquista y del Chicago de cabarets y de matones, prototipo de ciudad corrupta y sucia, cuya idea le había llegado con la lectura de Jensen y de Kipling, reparando en que nadie había hablado de la ciudad como de una jungla.
Vive su juventud en esos años veinte en los que el mundo estaba cambiando, con la radio, el cine, con el gusto por la velocidad o por el boxeo, rareza que nos hermana a Brecht con Cortázar.
Tiene ya en Berlín, y en buena parte de Alemania, una clara significación política. En 1932 viaja a Moscú, con Eisenstein, que está enfermo. En la estación, nos dice él mismo, le esperan Piscator, Reich, Lacis, Deutsch, Tretiakov. Recorre la ciudad con Tretiakov, y a va ver el mausoleo de Lenin.
Volverá a Moscú en 1935, momento en que conocerá al actor chino Mei Lan Fang, un hombre importante para su evolución teatral. Todos le consideran ya un escritor socialista y Brecht quiere que su teatro camine con la revolución, pero Hitler, el pintor de brocha gorda, estaba ya cerca del poder.
De esos años, antes del exilio, es su admiración por Döblin, el autor de Berlín Alexanderplatz: Brecht lo leía y él mismo nos da cuenta de la impresión de su lectura, de El combate de Wadzek, por ejemplo, aunque no deja de apuntar el peligro que supone el barroquismo de Döblin, como el dramaturgo lo llama.
Brecht abandona Alemania en febrero de 1933, al día siguiente del incendio del Reichstag. No fue una decisión precipitada: su vida, como la de muchos otros, peligraba, aunque el mundo no fuera todavía consciente de lo que suponía el nazismo. La ferocidad de la represión es tal que el escritor y dramaturgo comunista, el berlinés Erich Mühsam, que había participado como Brecht en la revolución soviética de Baviera, muere apenas un año después, en 1934, en un campo de concentración nazi, y las obras del propio Brecht son quemadas públicamente en la gran pira frente a la Ópera de Berlín, dos meses después de su marcha al exilio. Más tarde, el régimen nazi le privaría de la nacionalidad alemana.
Estremece recordar el duro destino de esos escritores participantes en la revolución bávara, revuelta queFeuchtwanger narra en su novela Thomas Wendt: podemos comprobarlo en Brecht y en Mühsam, o en Ernst Toller, otro escritor comunista, que se suicidaría en París en 1939, desesperado por no poder ayudar más a los exiliados republicanos españoles.
Brecht se dirige primero a Checoslovaquia, después a Austria, y finalmente a Dinamarca: allí recibiría aWalter Benjamin en 1934, y en 1936, y de nuevo en 1938, a ese Benjamín que sostenía que el teatro épico de Brecht era el ’teatro del héroe apaleado’, porque quienes no sufren no llegan a la reflexión.
Brecht estuvo viviendo durante cinco años ’en una casa de pescadores’. Aún vivió en otros países nórdicos, Suecia, Finlandia. Desde el primer momento, combate al nazismo con su actividad y con su inteligencia: junto con Feuchtwanger y Willi Bredel dirige la revista Das Wort, que se distribuye desde Moscú, y que será una de las más importantes tribunas de la izquierda intelectual alemana, participa en el Congreso internacional de escritores reunido en 1935 en París, y, en plena guerra, su obra teatral consigue versos como fusiles enMadre Coraje, Galileo o El círculo de tiza caucasiano.
En 1941 viaja de nuevo a la Unión Soviética, de paso, para dirigirse hacia los Estados Unidos. Con él, vaMargarette Steffin, la joven actriz militante del KPD que le había acompañado en el exilio de Escandinavia, y que había sido su amante. Demasiado enferma para seguir, Margarette muere en un hospital moscovita, mientras Brecht -que no puede hacer otra cosa- continúa el viaje: no sin dificultades consigue billetes de tren en Moscú y el 30 de mayo sale hacia Vladivostock, atravesando Asia. Cinco días después, cuando el tren había superado el lago Baikal, le llega un telegrama anunciando la muerte de Margarette Steffin. Es un duro golpe.
Años después, cuando Brecht evoca las dificultades del exilio, escribe ’la guerra nos iba siguiendo como nuestra propia sombra’. Podía haber añadido que también les acechaba la muerte. Esos dos jinetes del apocalipsis le persiguen: dos años después de la muerte de Margarette Steffin en Moscú, muere su hijo Frank, al que habían incorporado al ejército, también en la Unión Soviética.
Después, ya instalado en los Estados Unidos, trabaja como guionista en Hollywood, con Fritz Lang, y allí pudo encontrarse de nuevo con Feuchtwanger, con Thomas y Heinrich Mann, conocer a Chaplin, trabajar en el cine y, también, enfrentarse al McCarthysmo que comenzaba a emponzoñar América.
En ese momento es ya una figura indiscutible del teatro mundial. Había pasado primero, en su juventud, por una etapa de simple denuncia de la enajenación del ser humano en la sociedad capitalista que reconstruye Europa tras la gran guerra; después, en la segunda mitad de los años veinte, insiste en el valor de lo colectivo, en aquello que conforma al ser individual, y, en los años treinta, Brecht crea sus dramas didácticos en los que enfrenta los conflictos sociales, aunque será en los últimos años de la década, ya en el exilio, cuando Brecht consigue crear sus personajes de Galileo o esa Chen-Te, el alma buena de Sezuan, donde la crítica al capitalismo desnuda los más íntimos mecanismos de la explotación.
Para Brecht las obras clásicas del teatro de todos los tiempos continúan siendo útiles, fuente de enseñanzas, aunque deben ser examinadas con otra mirada, lejos de la gangrena del insípido teatro burgués: su propia obra no podría entenderse sin esa constante referencia al pasado, sin esa reelaboración que hace brotar un nuevo contenido de la experiencia y de la cultura de los pueblos, rechazando siempre el teatro como entretenimiento. Hacia 1936, en una vuelta de tuerca, empieza a desarrollar la concepción del distanciamiento.
Tras su regreso a Berlín, Brecht y Helene Weigel se instalan en la parte trasera del Hotel Adlon, que estaba casi destruido, al lado de la puerta de Brandenburgo.
En 1949 se acomodan en un modesto chalet del barrio de Wei’ensee, pero Brecht no quiere privilegios, con lo que en octubre de 1953 se instalan en la casa número 125 de la Chausseestra’e. Aquí permanecerá hasta su muerte, como consecuencia de un infarto, un 14 de agosto de 1956. Tenía entonces 3.500 libros, de autores contemporáneos, isabelinos, griegos y romanos, tres máscaras del teatro No japonés y también muchas novelas policiales, en inglés, como si realizara un lejano y silencioso homenaje a Hammett, que ya había conocido las cárceles del McCarthysmo.
Esas eran todas sus posesiones.
Él mismo había escapado de ese tiempo de canallas, como calificó Lillian Hellmann, la excepcional escritora compañera de Hammett, a la caza de brujas en los Estados Unidos.
El apartamento de Brecht está al fondo de un patio empedrado, cerrado por una tapia que da al cementerio. Se sube por una vieja escalera de madera. Al entrar, hay una sala con dos butacas de cuero y una mesita redonda. Detrás, las estanterías de una biblioteca. En el lado opuesto, dos estelas chinas: una muestra una figura sobre fondo negro; la otra, un texto indescifrable. Hay una pequeña escala para llegar a los estantes más altos. Se ve también, una mesa con lámpara, un teléfono negro y un plato de aluminio, y un par de butacones a ambos lados de la mesa.
Allí están los libros: en un lado, encuadernadas en rojo, las obras completas de Lenin. Me parece una increíble casualidad, como si alguien lo hubiera preparado todo: son los primeros libros que veo en la casa de Brecht, al que le gustaba pensar mientras caminaba en su estudio y que, de vez en cuando, se encerraba a leer novelas policiales.
Allí reflexionaría sobre los cambios que tenían lugar en Alemania. Brecht fue consciente de los errores en la construcción del socialismo, y del horror del estalinismo.
No era una tarea sencilla, y algunos han hablado del pesimismo de su obra ante la difícil caracterización del futuro, del socialismo al que apuntaba la demoledora crítica al capitalismo de su teatro, la condena de esa sociedad burguesa en la que -en palabras del ropavejero Peachum de La ópera de cuatro centavos- ’los que poseen la tierra pueden provocar la miseria, pero no verla’. Pero había que construir el socialismo, y no era fácil.
Debajo, veo los libros de Marx y recuerdo que Brecht empezó a versificar el Manifiesto Comunista aunque nunca concluyó el trabajo. Encima, Spinoza, Leibniz, Bloch, Kant. Veo libros de música china, deStendhalDöblinViertelKrausHesseShakespeare, poesía china, un grueso libro de Brueghel.
No en vano, algunos estudiosos de la obra brechtiana han hablado de la relación entre las escenas creadas por él con las composiciones de la pintura de Brueghel.
Estoy tentado de tocar los libros, de abrirlos, para ver las anotaciones de Brecht, si es que las hacía, pero la amable guardiana del apartamento me observa. Me gustaría ver los libros de Karl Kraus, por ejemplo, que había atacado en los años veinte a Brecht y a su amigo el escritor expresionista Arnolt Bronnen, aunque después tendrían una relación amistosa, hasta el punto de que Kraus lo ayudaría durante su estancia en Austria.
Hay más estanterías bajas, una estufa de cerámica blanca, y algunas máscaras en la pared. Veo también una fotografía de Lenin sobre unos estantes y una poesía de Mao Tse Tung en la pared.
Dicen que la biblioteca aún no se ha investigado con detalle: yo quería mirar los libros, ver las dedicatorias de grandes autores. Pero no era posible. De aquellas lecturas creó una de las dramaturgias más importantes de la modernidad.
Se inspiró en Grimmelshausen para su Madre Coraje, igual que rehizo aspectos del teatro oriental chino o japonés, tomó versos prestados de Rimbaud o de Kipling, adaptó a Gorki o a Grieg, se inspiró en Schiller, cambiando los lánguidos bosques alemanes por la selva de Chicago; se apoyó en La jungla de Upton Sinclair y en el Schweyk de Hasek; tomó de Marlowe y de Molière, tal vez de Pirandello; bebió de Villon, de John Gay, de Lenz; de Plutarco o Cicerón, del Sófocles actualizado por Hölderlin.
Todo estaba justificado. Allí se escondía Mackie Cuchillo; por allí deambulaban los leñadores que vivían en Mahagonny, la ciudad de oro; y moría Paul Ackermann; y respiraba el Andreas Kragler que ve la revolución aplastada en las calles de Berlín; y caminaba Anna Fierling, la feroz Madre Coraje que vive de la guerra y de la muerte; y Pelagia Wlassowa recitaba otra vez la Loa a la dialéctica, y reflexionaba Galileo; y miraba la pobre prostituta Chen-Te, prisionera de la perversión del sistema; y callaba el niño encerrado en El círculo de tiza caucasiano, y lloraba la Juana Dark del Chicago de los mataderos, y la Teresa Carrar de la guerra civil española.
Dentro, se ve otra sala y su habitación de dormir, en la que hay un Chagall y una escultura del Quijote.
Es una habitación pequeña, con Confucio otra vez. En la mesita de noche, un ejemplar del Herald Tribune de Nueva York. En la puerta, la gorra y el bastón. Aquí trabajó sobre muchos asuntos: sobre Medea, sobreRosa Luxemburgo, o sobre Hans Garbe, un obrero ejemplar de la República Democrática Alemana, pero nunca llegó a terminar esos proyectos.
En aquella sala urdía el teatro épico, que se había ido gestando desde su temprana colaboración con Feuchtwanger, en el cotejo con el trabajo de Piscator, destruyendo la convencional ilusión de la escena como una parte de la vida, de la vida real, y armando sus escenas como representación, como el inicio de la conciencia ante la realidad.
Hasta su llegada, el teatro tradicional entretenía pero la dramaturgia épica de Brecht exigía y exige la acción.
Antes de su propuesta, el teatro forzaba la participación del espectador, y la música o los decorados sumían al público en la emoción del sentimiento, en cambio, sus escenas didácticas obligaban al espectador a la contemplación, sin implicarse en la escena, lo forzaban a la reflexión paralela, al distanciamiento, pero también a la acción posterior.
Para él, los actores no debían nunca ser los personajes, sino limitarse a mostrarnos cómo eran los individuos representados.
Brecht hace a veces una parodia de formas literarias del pasado, como también hace en algún momentoThomas Mann, funde rasgos de la tradición clásica con la herencia del romanticismo expresionista, sin dejar por ello de enfrentarse hasta el final de su vida a las actitudes del expresionismo, otorgando un rigor racional a la escena y una voluntad de penetración crítica en los más ocultos mecanismos de la miserable sociedad burguesa que observa y que combate.
El teatro brechtiano es una guía para la acción

Para Brecht, frente a los sentimientos y emociones que confiere al espectador el teatro dramático, su teatro épico le fuerza por el contrario a tomar decisiones; frente a un teatro en el que el pensamiento condiciona la existencia, opone la seguridad de que es la existencia social la que determina el pensamiento; a la sugestión opone el argumento; el espectador no participa, reflexiona; frente la convicción de que el ser humano es inmutable,Brecht levanta la seguridad de que su ser es modificable.
Así lo dice la viuda Begbick en uno de los intermedios de Un hombre es un hombre:
Un hombre es un hombre, dice el señor Bertolt Brecht.
Y sobre esto nadie puede objetar nada.
Pero el señor Brecht va a demostrar
Que un hombre puede rehacerse a voluntad.
En el salón intermedio, que une la salita de la entrada y su habitación, se ve un gran armario, archivadores blancos y una colección de Die Neue Zeit. En el escritorio, dos daguerrotipos de Marx y Engels; al lado, un sillón gris donde Brecht leía, y otro sillón desde el que veía el cementerio y donde también leía y trabajaba, con una mesa en la que hay una máquina de escribir. Desde la ventana veía las tumbas de Hegel y deFichte. En el cementerio está también la de Heinrich Mann, y la de Hans Mayer.
Hay en la sala otro retrato, negro, de Confucio, un cartel del Berliner Ensemble, hecho por Picasso. Más libros en la pared. Distingo, casi a hurtadillas, a Einstein, Thomas Mann, Arnold Zweig, porque la vigilante me espera, impaciente, para seguir mostrando las habitaciones.
Por otra escalerita de madera se baja al mirador de Helene Weigel, luminoso, con plantas, dos paredes de vidrio que miran hacia el jardín; cerámicas, dos sofás pequeños y alfombras en el suelo. Allí al lado, hay un armario vitrina con más libros. Veo a Pushkin y alguna edición de los libros del propio Brecht: el Teatro publicado por Einaudi, ediciones en chino, francés, alemán. Veo a Strinberg, Ostrowski, Tolstoi, Voltaire, Peter Weiss, Christa Wolf.
Después, la habitación de Helene, en la que se halla una figurita de madera del propio Bertolt Brecht, vestido de chino de Mao, con gorra, y más libros de Brecht. Al otro lado, la cocina. Arriba, de nuevo en el apartamento, miro desde una ventana hacia el cementerio la misma escena que veía Brecht hacia el final de su vida, cuando trabajaba. Nos cuenta que, entonces, cualquier pretexto era bueno para descansar un rato.
Por eso decidió crear un espacio aislado, donde pudiese escribir sin distraerse: el cuarto de trabajo que yo acababa de ver y la zona entre el invernadero y la glorieta, al lado del cementerio, donde a veces leía. Le hubiera gustado saber que su obra sigue viva, que su empeño por conquistar el futuro no se ha perdido, y que ahora mismo, en Argentina, por ejemplo, La Madre está siendo representada desde hace meses con gran éxito y han empezado a llevarla a las fábricas ocupadas por los trabajadores y puestas de nuevo en funcionamiento.
Así ocurrió en la fábrica Brukman, en Buenos Aires; allí escuchaban las trabajadoras, otra vez, con un silencio sobrecogedor, las palabras de Pelagia Wlassowa, la Loa a la dialéctica:
Con paso firme se pasea hoy la injusticia.
Los opresores se disponen a dominar otros diez mil años más.
La violencia garantiza: ’Todo seguirá igual.’
No se oye otra voz que la de los dominadores,
y en el mercado grita la explotación: ’Ahora es cuando empiezo.’
Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:
’Jamás se logrará lo que queremos.’
Quien aún esté vivo no diga ’jamás’.
Lo firme no es firme.
Todo no seguirá igual.
Cuando hayan hablado los que dominan,
hablarán los dominados.
¿Quién puede atreverse a decir ’jamás’?
¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.
¿De quién que se acabe? De nosotros también.
¡Que se levante aquel que está abatido!
¡Aquel que está perdido que combata!
¿Quién podrá contener al que conoce su condición?
Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana
y el jamás se convierte en hoy mismo.

- El Viejo Topo (Madrid, 8/02/2003) - Para Paco Angulo, actor

Poesía - "A los que dudan" de Bertolt Brecht

Posted by Nuestra publicación: on viernes, octubre 02, 2015
A los que dudan 
Bertolt Brecht, 

Nuestra causa va mal. 
La oscuridad aumenta. Las fuerzas disminuyen. 
Ahora, después de haber trabajado durante tanto tiempo 
nos hallamos en una situación peor que al comienzo. 

Sin embargo, el enemigo sigue ahí, más fuerte que nunca. 
Sus fuerzas parecen acrecentadas y presenta un aspecto 
invencible. 
No se puede negar que hemos cometido errores. 
Nuestro número se reduce. Nuestras palabras de orden 
se encuentran en desorden. El enemigo 
distorsiona muchas de nuestras palabras hasta hacerlas 
irreconocibles. 
Aquello que dijimos, ahora parece falso: ¿Mucho o poco, 
con qué contamos ya? ¿Somos lo que ha quedado,
marginados de la corriente de la vida? 
¿Marcharemos hacia atrás, sin nadie que nos comprenda 
y sin comprender a los demás? 
¿No hemos tenido suerte? 

Tú preguntas estas cosas. No esperes ninguna respuesta 
salvo la tuya. 


En: Brecht, Poemas 1913-1956. Edit. Brasiliense, 1986. Versión: Marcos. 

Patricio Guzmán: "Si no se investiga la memoria, el futuro se cierra"

Posted by Nuestra publicación: on viernes, septiembre 25, 2015

EL MOSTRADOR   por  21 septiembre 2015


Patricio Guzmán:
Su filme "El botón de nácar" compite actualmente en la sección Horizontes Latinos del Festival español de San Sebastián e inaugura mañana la 19 edición del Festival de Documentales de Santiago (Fidocs). Establece una conexión entre la historia de los kawésqar, un pueblo indígena de la Patagonia "exterminado" a finales del siglo pasado, y los cuerpos arrojados al mar durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Inmediatamente después de llevarse el Oso de Plata al mejor guión en la pasada Berlinale, "El botón de nácar", un documental de Patricio Guzmán, se vendió a 20 países. Hoy ya va por 30, cuenta a Efe el autor sobre un trabajo que invita a los chilenos a reconciliarse con el mar y con su pasado.
A través de imágenes de una enorme belleza, el filme, que compite en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián (norte de España), establece una conexión entre la historia de los kawésqar, un pueblo indígena de la Patagonia "exterminado" a finales del siglo pasado, y los cuerpos arrojados al mar durante la dictadura de Augusto Pinochet.
"Si no se investiga la memoria, el futuro se cierra", señala el realizador de 74 años. Este documental es la segunda parte de una trilogía sobre geografía y memoria histórica que abrió con "Nostalgia de la Luz", centrada en el desierto de Atacama y los desaparecidos enterrados allí, y que continuará en los Andes.

Tema constante

Guzmán tuvo que abandonar el país en 1973 y actualmente reside en Francia. El derrocamiento y asesinato del presidente Salvador Allende y los crímenes de la dictadura son un tema constante en su filmografía en la que destaca "La Batalla de Chile", un documental de cinco horas sobre el final de Allende.
"Me interesa la memoria en Chile porque en la medida en que se estudie a fondo el golpe de Pinochet y lo que pasó antes, se evitará que el futuro siga siendo de las multinacionales que lleguen a explotar materias primas", sostiene.
En "El botón de nácar", el director reconstruye la historia y desaparición de los kawésqar a través de testimonios de supervivientes, como Gabriela Paterito, a la que conoció gracias a unas fotografías de la chilena Paz Errázuriz (Premio Photoespaña 2015).

Dios o policía

Paterito ofrece un momento cómico cuando, interrogada por Guzmán, desvela que en su idioma no existen palabras para conceptos como Dios o Policía.
"Tampoco tenían palabras para otros conceptos relacionados con lo trágico. Ellos tienen otro sentido de la vida, otra forma de ver el mundo, con el mar siempre como telón de fondo", explica Guzmán.
"Lo más hermoso es su cultura, que vive del mar. El resto de Chile ha olvidado el agua. Tal vez porque los incas fueron los primeros en llegar e impusieron la mirada a la cordillera", prosigue.

Dos botones

Además de la geografía, la conexión entre la historia de los indígenas y la de los desaparecidos, se da por el hallazgo de dos botones.
Uno, el que le ofreció un capitán inglés a un indígena de la Patagonia para convencerlo de que se subiera en un barco rumbo a Inglaterra. Otro, el que se halló en un riel al fondo del mar como único vestigio de lo que una vez fue un cuerpo humano.
"El botón de nácar" inaugura mañana la 19 edición del Festival de Documentales de Santiago (Fidocs), que el propio Guzmán creó, lo que explica su ausencia en San Sebastián.

Con inédita subvención

Se trata de la primera película de Guzmán que obtiene una subvención del gobierno chileno. "Por lo menos ahora están más receptivos", apunta.
"Hay cambios en Chile, sí, que son importantes para la cultura. Es lento pero hay un movimiento estudiantil estupendo, con representación en el Parlamento, que le hace abrir los ojos al gobierno, que quiere conocer lo que pasó, y que piden más dinero para educación o salud".
La presencia de Chile en la actual edición del Festival de San Sebastián se completa con títulos como "El club", de Pablo Larraín, que inauguró el certamen el pasado viernes; el documental "Allende, mi abuelo Allende", de Marcia Tambutti; "La vida sexual de las plantas", de Sebastián Brahm, y "327 Cuadernos" de Andrés di Tella.

Kate Millett: Feminista, escritora, activista y escultora estadounidense

Posted by Nuestra publicación: on martes, septiembre 15, 2015
«El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban.» – Kate Millett

Kate Millett
(14 de septiembre de 1934, Saint Paul, Minnesota, EE.UU.)
Feminista, escritora, activista y escultora estadounidense. Conocida por su libro de 1970 Política Sexual (Sexual Politics). Millett fue a la Universidad de Minnesota y se graduó cum laude en 1956. A continuación, realizó el posgrado en la Universidad de Oxford. Se trasladó a Japón en 1961, donde dio clases de inglés. Dos años más tarde regresó a los Estados Unidos con el escultor Fumio Yoshimura con quien se casó en 1965, separándose en la década de 1970. Fue una activa feminista desde finales de los 60 y en la década de 1970. En 1966, se convirtió en miembro del comité de la National Organitation of Women. En 1967 publicó un panfleto titulado Token Learnig contra los planes de estudio en las universidades para mujeres. En agosto de 1970, publicó su tesis Sexual Politics, donde ofreció una amplia crítica de la sociedad patriarcal en la sociedad occidental y la literatura. En 1971, comenzó a comprar y restaurar edificios cerca de Poughkeepsie, Nueva York. El proyecto finalmente se convertiría en Women's Art Colony Farm, una comunidad de mujeres artistas y escritoras.
Su libro Flying (1974) habla de su matrimonio con Yoshimura y sus amores con mujeres. En 1979, Millett fue a Irán a trabajar por los derechos de la mujer, fue pronto deportada, y escribió acerca de la experiencia en Going to Iran. Por su denuncia y activismo en contra de las condiciones de sometimiento de la mujer en el Islam, fue la primera persona acusada de Islamofobia. Sita (1977) es una reflexión sobre un amor atormentado. En The Loony-Bin Trip (1990) trata sobre el trastorno bipolar, describiendo experiencias en hospitales psiquiátricos y su decisión de suspender su terapia de litio.
A finales de la década de 1990 y principios de 2000, Millett estuvo involucrada en una disputa con la ciudad de Nueva York porque las autoridades querían desalojarla de su casa, como parte de un plan de reconversión masiva. Millett y otros recurrieron, pero perdieron en los tribunales. Su edificio fue demolido, y los residentes fueron realojados.

En 1968 comenzará la tercera ola del feminismo, llamado Feminismo contemporáneo que se caracterizará por los derechos civiles, los derechos de reproducción, la paridad política y el papel de las mujeres en la era de la globalización. Las obras de cabecera de este período serán Política Sexual de Kate Millet y Dialéctica del Sexo de Sulamith Firestone. Es en los años sesenta cuando comienza el feminismo denominado radical que se centra en su análisis de las relaciones entre mujeres y hombres, dentro del nicho político que fue la izquierda contracultural sesentaiochista.
El feminismo radical entiende que las relaciones mujer-hombre son relaciones políticas a partir de la raíz. Se diferencia del feminismo llamado liberal-reformista en que éste pide la integración al mundo del trabajo remunerado dentro del sistema capitalista. Al mismo tiempo, el feminismo radical se convierte en un movimiento separado de la izquierda porque no ve en ella un reconocimiento absoluto a sus reivindicaciones y dónde sigue existiendo un poder masculino. Los movimientos de izquierda entendieron que los “problemas de la mujer” se solucionarían automáticamente con el fin del sistema capitalista.
El concepto “poder” se concibe dentro del movimiento feminista radical como existente no sólo en relaciones macro (como las que se tienen con el Estado y con la clase dominante) sino que también en las relaciones de pareja. El concepto patriarcado será concebido en términos de cómo se estructuran las relaciones de poder. Por otro lado, el concepto de “género” que distingue entre los aspectos socio-culturales construidos de los biológicos (sexo).
El feminismo radical considera la sexualidad como construcción política, se construye toda una crítica entorno a la sexualidad dando paso al feminismo lesbiano. Algunas autoras como Monique Wittig afirmará que las lesbianas no son mujeres porque el concepto “mujer” es una categoría existente en razón al hombre, por tanto, son construcciones políticas. Mujer y hombre son dos clases antagónicas y la normatividad de la heterosexualidad es una norma que se sostiene para dividir en clases sexuales. Las lesbianas no son mujeres porque rompen esa norma y su condición abre vía para la liberación del resto de las mujeres.
Así mismo, las feministas radicales trabajaron el tema de las violencias. Por ejemplo, se estudió la violación como parte de la política patriarcal, como control sobre las mujeres.
Las críticas que se hicieron al feminismo radical fueron que el “colectivo” femenino es plural y existen no sólo relaciones de explotación entre sexos sino que también entre las mismas mujeres. Estas críticas procedieron de las feministas negras y socialistas.
Kate Millet en su obra Política Sexual (Sexual Politics, 1970) realiza un estudio sobre las vinculaciones entre la diferencia sexual y las relaciones de poder. Para Millet el sexo tiene un cariz político que generalmente pasa desapercibido".
Millet emplea el término política para referirse a las relaciones que se establecen desde el poder con la finalidad de que el grupo dirigente mantenga el control sobre quienes domina. De ahí deriva la legitimidad para hablar de “política sexual”. Según Millet, el carácter patriarcal de la sociedad hace que las costumbres sexuales envuelvan relaciones de dominio y, por tanto, estén impregnadas de política.
Millet define el sexo es una categoría social marcada por la dominación con una construcción cultural tan marcada como que las personas actúan en función de ese sexo y de esa política sexual.
El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres. Las radicales identificaron como centros de la dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban "privadas". A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad; lo sintetizaron en un slogan: lo personal es político. Lo que ocurra en el orden de lo privado, en este caso, circunscrito a la familia, tiene consecuencias en el orden de lo social.
Para Millet en el ámbito privado- que tradicionalmente se consideraba ajeno a la política- se desarrollan las relaciones de poder que están en la base del resto de las estructuras de dominación.
Según Millet parte de la estructura de la familia patriarcal comprende el control de la vida sexual de la infancia y más allá, el control total de la infancia la cual tienen prácticamente derechos garantizados por la ley en nuestra sociedad y además, no tienen dinero, lo cual, en una economía de dinero, es una de las principales fuentes de su opresión. Millet afirma además que el problema es que existe una situación de explotación entre las personas adultas y la infancia de la misma forma que existe entre los hombres y las mujeres, las relaciones intergeneracionales tienen lugar en una situación de desigualdad.
Para Kate Millet el patriarcado es un sistema de dominación sexual. Es considerado como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta otro tipo de dominaciones, como son la de clase y raza. Afirma que el patriarcado es el fundamento de la dominación de las mujeres por los hombres. Asimismo, afirma que no solamente es de nuestra sociedad, sino de todas las civilizaciones que se han sucedido a lo largo de la historia. El patriarcado tiene una enorme capacidad para adaptarse a cualquier sistema económico, político y cultural. El patriarcado para permanecer durante tanto tiempo se ha apoyado en el hecho de que todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Además Millet afirma que el patriarcado, en su sentido radical, subordina de igual forma al varón joven bajo la jerarquía del varón adulto.
El patriarcado para permanecer durante tanto tiempo se ha apoyado en el hecho de que todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Además Millet afirma que el patriarcado, en su sentido radical, subordina de igual forma al varón joven bajo la jerarquía del varón adulto. Es decir, lo que define al final al patriarcado es la separación y diferenciación de jerarquías.
Hay una tendencia general hacia todo tipo de autoritarismo: el patriarcado, claro, el militarismo. Y es que según Millet el patriarcado se asienta sobre la ideología pero también sobre el sexo.
Además Millet demuestra cómo la identidad (temperamento y rol) femenina o masculina no están determinadas biológicamente, sino que son una construcción cultural que se aprende. Aquí la ideología que sostiene el "status" superior del hombre sobre la mujer, se basa en la construcción de un "temperamento" distinto para cada sexo, modelado de acuerdo a diversos estereotipos (masculinos y femeninos), y sobre un "papel sexual" o código de conducta que la sociedad asigna a cada uno. Es decir, el temperamento, el papel social y la posición se asientan sobre una base esencialmente cultural y no biológica. Millet afirma categóricamente que tanto la endocrinología y la genética no han conseguido hasta la fecha descubrir una disparidad mental o emocional entre ambos sexos. No sólo se carece de pruebas suficientes sobre del origen físico de las distinciones sociales que establece actualmente el patriarcado (posición, papel y temperamento), sino que resulta casi imposible valorar las desigualdades existentes por hallarse saturadas de factores culturales.
Para Millet el descubrimiento que alteró las sociedades arcaicas fue la paternidad, ya que una vez realizado el descubrimiento invalidó toda participación femenina en la creación de vida, estableciendo a la mujer cómo mera maceta portadora de vida.

POLÍTICA SEXUAL: La obra se divide en tres grandes partes. La primera gira en torno a la afirmación de Millett de que el sexo reviste un cariz político que suele pasar inadvertido la mayoría de las veces. La segunda parte es eminentemente histórica y su objetivo es aclarar la transformación de las relaciones sexuales tradicionales, experimentada a finales del siglo XIX y principios del XX. En la tercera parte Kate Millett se centra en las consideraciones literarias estudiando la obra de autores tan representativos de esa época como D.H. Lawrence, Henry Miller, Norman Mailer y, como contraste frente a éstos, Jean Genet. “El análisis del patriarcado que Kate Millett realizó en su “Política Sexual” puede considerarse una gran aportación teórica a la nueva orientación que el movimiento feminista desarrolló a partir de los años sesenta.” Amparo Moreno.





Chile. La exposición fotográfica ‘Mirada Nocturna’ o el refugio de mi amigo mientras luchaba contra la tiranía

Posted by Nuestra publicación: on lunes, septiembre 14, 2015


·         La muestra del artista visual y luchador antifascista, Rodrigo Casanova, estará abierta al público hasta el 4 de octubre en el Zócalo del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago.

Andrés Figueroa Cornejo

No se trata de productos informáticos, ni pinturas. No es evasión, ni arte por el arte, ni fuga posmoderna que no significa y se regocija en formas vacías, ni el registro de la arquitectura deshumanizada, ni manchas lunares. La exposición fotográfica ‘Mirada Nocturna’, que se encontrará instalada hasta el 4 de octubre de 2015 en el Zócalo del Museo de Arte Contemporáneo de la Facultad de Arte de la Universidad de Chile (Parque Forestal de Santiago), pertenece a uno de los principales artistas visuales del país, Rodrigo Casanova (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=157641), y su inauguración fue presentada por el legendario pintor, artista plástico y Director del M.A.C., Francisco Brugnoli (http://franciscobrugnoli.blogspot.cl/2010/03/biografia-de-francisco-brugnoli.html).
Cada texto tiene su contexto y cada obra, su contexto de producción. La exposición fotográfica de Rodrigo Casanova, luchador de la resistencia antifascista y activista de los Derechos Humanos, corresponde a una selección realizada entre los 80 y los 90 del siglo XX, y “surge como una necesidad, como una suerte de terapia, una búsqueda de otra realidad quizás, debido a que la contingencia de la dictadura era tan violenta, gris y agresiva. En ese período, yo registré en fotos y videos los paros nacionales, las protestas, los enfrentamientos.  ‘Mirada Nocturna’, fue mi intento personal de construirme otro Chile, donde no hubiera seres humanos y yo pudiera armarme una realidad paralela.”

-¿Y por qué la noche?
“En la noche encontré la tranquilidad, la circulación de espacios sin habitantes, mudo, y dedicarme a un ejercicio académico. Allí se ubica la influencia decisiva de la Escuela de Bellas Artes. De esa manera logré crear una fotografía pictórica, atemporal, distante de la muerte que signó la tiranía. Con el tiempo, ahora me percato de que las imágenes de esta exposición fueron las que lograron ofrecerme un mundo propio frente a la realidad cruda y dura a la cual también dedicaba mi vida concreta.”

-Sin embargo, en las fotos se observa la presencia humana no explícitamente…
“En efecto. Se trata de paisajes urbanos y campesinos domesticados por la persona. Las imágenes de Valparaíso, por ejemplo, permiten obtener una perspectiva satelital, no horizontal. De hecho, Valparaíso para mí es una película muy estimulante y que se vive en tiempo real.”

Rodrigo explora con fotografía análoga y de color a Valparaíso y a la Isla de Chiloé. Mucho después empleó las máquinas digitales. Tanto la iluminación como el disparo del obturador son resultado de un momento único. No hay trampa computacional, sólo pulso, control manual de la luz y del tiempo. Caminatas nocturnas, persecución de un ‘lugar ameno’ contra el crimen ambiental. Centella y soledad. Equilibrio del yo y refugio. Casas desenterradas por amarillos, rojos y verdes. Por azules plásticos y techo estelar. Noche limpia que abraza la ciudad fatigada de Valparaíso y expresa su naufragio, la rotura de un puerto arrojado a su suerte y mal maquillado por la arena mientras los pescadores duermen y los pecadores postergan la amanecida en vino negro y huevos cocidos.
Rodrigo dice que la disciplina de la noche le posibilitó “cuestionar el paisaje, dotar de protagonismo a un árbol, a la huellas de un campesino. Son imágenes de introspección y nostalgia, capaces de rediseñar nuevos lenguajes y nuevas historias”.

-¿Por qué Valparaíso y la Isla de Chiloé?
“Para un santiaguino, Valparaíso y Chiloé son los lugares utópicos donde uno quisiera vivir. Para los capitalinos son los otros Chile, los lugares donde sus habitantes se desenvuelven a escala humana y en superior convivencia. Son los sitios donde el consumismo no está desatado ni es el horizonte de sentido de la gente.”

-¿Cuál es la fotografía que más aprecias de la muestra (imagen adjunta)?
“Aquella donde se ve un árbol chilote, una patagona o maitén, donde intervine el campo que lo rodea el mismo día en que fue arado y se cosechó el pasto. Entonces mediante la iluminación pude marcar el surco que dejó la máquina y las hileras de pasto, que al día siguiente serían enfardadas y convertidas en insumos para alimento de animales. Entonces se trata del paso de un día a otro, en el cual el paisaje quedó dibujado o arado. Esa foto me gusta porque permite registrar el trabajo agrícola la noche del mismo día en que laboraron los campesinos. Es una especie de posproducción fotográfica de un trabajo campesino. La imagen se logra iluminando los distintos planos, asumiéndolos en la misma toma, capturando dos dimensiones distintas en similar momento.”

-¿Qué es lo que viene luego de esta exposición, Rodrigo?
“Lo que no hay aquí. Los seres humanos. En particular, el actual rostro del territorio mapuche militarizado. También quiero mostrar un conjunto de retratos de la contingencia política y popular, como al movimiento de los secundarios. Esto funciona como complemento a la exposición actual. Sólo de esa manera se manifiestan los dos hemisferios y potencias de la herramienta fotográfica.”

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