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Historia: La Revolución Alemana 1918-1919

Posted by Nuestra publicación: on sábado, enero 21, 2012
Con ocasión de cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de los principales dirigentes revolucionarios de la clase trabajadora alemana, Rosa Luxemburgo y Karl Liebnecht; recomendamos nuevamente leer un artículo, publicado inicialmente el 2008, que explica los extraordinarios sucesos de la revolución alemana de 1918.

La revolución alemana tuvo lugar en el que fue el país más industrializado del mundo, con la participación de su clase obrera más poderosa. Pisando los talones de la revolución rusa de 1917, esta tenía el potencial de cambiar el curso de la historia. 
Robert Bechert analiza estos increíbles acontecimientos revolucionarios, evaluando su relevancia para los socialistas el día de hoy...

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Aniversario del asesinato de Karl Liebnecht y Rosa Luxemburgo

Posted by Nuestra publicación: on jueves, enero 19, 2012

Con ocasión de un nuevo aniversario del asesinato de los principales dirigentes revolucionarios de la clase trabajadora alemana, a principios del siglo XX, publicamos un artículo sobre este acontecimiento escrito por  León Trotsky el 18 de enero de 1919

 

El inflexible Karl Liebknecht


Acabamos de sufrir la mayor de las pérdidas. El duelo nos embarga por partida doble.
Nos han arrebatado a dos líderes, dos jefes cuyos nombres quedarán inscritos por siempre jamás en el libro de oro de la revolución proletaria: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.
El nombre de Karl Liebknecht se dio a conocer en todo el mundo en los primeros días de la gran guerra europea.
Desde la primeras semanas de esta guerra, cuando el militarismo alemán festejaba sus primeras victorias, sus primeras orgías sangrientas, cuando los ejércitos alemanes lanzaban su ofensiva sobre Bélgica destruyendo sus fortalezas, cuando parecía que los cañones de 420 milímetros podrían someter el universo entero a los pies de Guillermo II, cuando la socialdemocracia alemana, con Scheidemann y Ebert a su cabeza, se arrodillaba ante el militarismo y el imperialismo alemán que parecían poder someter todo el mundo -tanto en el exterior, con la invasión del norte de Francia, como en el interior, dominando no solo a la casta militar y a la burguesía sino incluso a los representantes oficiales de la clase obrera-, enmedio de estos días sombríos y trágicos una sola voz se levantó en Alemania para protestar y maldecir: la de Karl Liebknecht.

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http://marxists.org/espanol/trotsky/1910s/19190118.htm

Historia: ¿Cómo llegó Hitler al poder?

Posted by Nuestra publicación: on lunes, agosto 31, 2009



En Alemania, en los últimos años, decenas de personas han sido asesinadas por la violencia de la extrema derecha, a través de bandas neo-nazis.

En relación a esto, el 30 de enero pasado, se cumplieron 76 años desde que Hitler fue nombrado Canciller del Reich, en 1933. Desde 1933 hasta 1945, el pueblo alemán y toda Europa sufrieron la pesadilla nazi. Los trabajadores de todo el mundo tenemos el deber de aprender de esta trágica experiencia, sobre todo ahora que los fascistas están levantando cabeza.

Daniela Heipel y Ulf Petersen

Con el establecimiento de la dictadura nazi en 1933 se inició el terror, la barbarie y la guerra que costaría la vida a 55 millones de personas. La primera gran masacre de este siglo, la 1a guerra mundial, sólo estaba quin­ce años atrás. Los acontecimientos de esos años sólo pueden entenderse en conexión con los resultados de esta guerra y de los turbulentos años que le siguieron.

Después de la guerra: revolución y contrarrevolución
La repuesta de la hambrienta población y de los soldados a la gran masacre en beneficio del gran capital que representó la guerra, fue una ola de levantamientos y revoluciones que sacudieron toda Europa.
El comienzo estuvo marcado por la Revo­lución de Octubre. En 1917, un año antes que terminará la guerra, los soviets tomaban el poder en Rusia, destruyendo no sólo el milenario Imperio zarista sino también el sis­tema capitalista.
También en Alemania la población traba­jadora no estaba dispuesta a sufrir durante más tiempo hambre y miseria. En 1918 toda Alemania fue sacudida por insurrecciones. Estimulados por la Revolución rusa, los obreros, soldados y marineros tomaron el poder en sus manos, y crearon espontáneamente "Rätes" obreros1 obligando al Kaiser a abdicar. (Para más detalles, leer documento "Revolución Alemana 1918").
Los obreros tenían la posibilidad práctica de alcanzar el poder. Pero los líderes del SPD2 impidieron a través de su política reformista el triunfo de la revolución. Estos líderes eran parte del sistema. Federico Ebert 3 dijo abiertamente: "yo odio la revo­lución social como el pecado". El Partido Comunista, surgido a partir del USPD (Partido Socialdemócrata Independiente), una escisión de izquierdas del SPD, tenía una influencia demasiado pequeña entre los obre­ros.
El gran capital, los aristócratas y terratenientes que eran los auténticos responsables de la sangría de la 1ª Guerra Mundial y que sacaron buenos beneficios de ella, se libraron de la expropiación. El precio que debieron pagar por ello fueron amplias concesiones a la clase obrera que pudo arran­car importantes conquistas como la jornada laboral de 8 horas y el seguro de desempleo. También se reconocieron los comités de empresa, así como derechos y libertades democráticas como nunca los había habido en Alemania.
Así la República de Weimar fue un com­promiso que ni satisfacía a los obreros ni a la capa superior reaccionaria que quería res­taurar la monarquía. Los años siguientes fueron una lucha constante entre estas dos fuerzas.
El 5 de enero de 19194, Berlín fue esce­nario de manifestaciones masivas. 300.000 obreros tomaron las calles al ser destituido el jefe de policía de Berlín, el socialdemócrata de izquierdas Emil Eichhron que pertenecía al USPD. Editoriales, imprentas, oficinas de información, telégrafos y bancos fueron ocu­pados. Los comunistas quisieron llevar a cabo una insurrección revolucionaria, pero quedaron aislados. Cuatro días más tarde el movimiento fue derrotado a tiros. "Freikorps"5 reaccionarios tomaron el poder en varias zonas de Berlín. Los gobernantes aprovecharon la oportunidad para hacer limpieza entre los líderes izquierdistas del movimiento obre­ro. Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, otros 156 revolucionarios y 1200 "sospecho­sos" fueron asesinados. Todo ocurrió con el apoyo de la dirección del SPD.

Desórdenes revolucionarios
Cuando el 13 de marzo, 12.000 solda­dos de la Brigada Erhard bajo las órdenes de von Luítwitz marcharon a Berlín para imponer una dictadura militar por el gene­ral Kapp, en toda Alemania triunfó una huel­ga general. El intento de golpe de estado fracasó. En agradecimiento la huelga gene­ral fue rápidamente desconvocada por el presidente socialdemócrata Ebert. Los obre­ros armados de la zona del Rhur fueron aplastados brutalmente por el ejército y los Freikorps.
El origen de estos desórdenes revolucio­narios de entonces era, una vez más, conse­cuencia de la guerra perdida.
Las deudas de guerra tenían que ser pagadas, y esto alimentó la inflación. Con la continua subida de los precios y la pérdida de valor del dinero, se expropió a los pequeños propietarios y trabajadores, cuyos salarios y ahorros quedaron reducidos a la nada. La gran industria se vio beneficiada, ya que, las deudas acumuladas de los capitalistas que­daron muy reducidas.
También el estado se liberó pronto de sus deudas gracias a la impresión de bille­tes. "La inflación era la venganza del gran capital por el miedo pasado durante la Revo­lución de Noviembre" (Arthur Rosenberg). En el año 1923 se llegó a una explosión de la inflación y a una nueva oportunidad revolucio­naria. Una amplia huelga general derribó al gobierno Cuno6. Como el movimiento no tenía otra demanda fue decayendo. El KPD7, que ya tenía una influencia de masas, perdió esta nueva oportunidad revolucionaria.
Sólo la sobre la base del estrangulamiento de la Revolución de 1918 y de las oportunidades perdidas hasta 1923 fue posible una estabilización de la situación. El saneamien­to de los beneficios en deterioro de la mayoría de la población a través de la crisis inflacionaria así como créditos masivos llegados del ex­tranjero, ayudaron a encauzar la economía.

Fascismo, la última salida para los capitalistas
Los capitalistas y terratenientes son personas desagradecidas. Aunque los líde­res del SPD les habían salvado de la ofen­siva de los trabajadores, no estaban satisfechos. La clase obrera tenía potentes or­ganizaciones y no se iba a dejar exprimir de forma ilimitada.
Los dorados años 20 fueron poco brillan­tes para la clase obrera. A fínales de 1925 el desempleo subió hasta un 20%. Otro 20% se encontraba en regulación de empleo con re­cortes en la jornada. Hasta los sindicatos se vieron debilitados por la crisis. En 1927, el 23% de los sindicalistas estaban desempleados, ocho veces más que antes de 1914.
Al llegar el crack de 1929, la crisis golpeó fuertemente a Alemania. En las primeras dos semanas de 1930 fueron despedidos 40.000 trabajadores. Krupp8 redujo su plantilla de 100.000 a 50.000 trabajadores. Los sindica­tos estaban debilitados y los salarios baja­ron.
En seis meses el desempleo subió de más de un millón a tres millones. Alemania se encontra­ba frente a una catástrofe; era de esperar que la cesantía aumentase masivamente en los años siguientes.
Hacia finales de 1931 el ejército de desempleados aumentó hasta casi seis mi­llones. A comienzos de 1932 comenzó bajo el gobierno de Brüning, la época del estado de excepción9.
Cerrado el Reichstag10, se llevaron a cabo las medidas necesarias para asegurar los beneficios empresariales. Pero esta for­ma de dominación fue inestable, al seguir existiendo las organizaciones obreras y por tanto, mantenerse el peligro de una respuesta revolucionaria de los trabajadores a los ataques de los capitalistas.
Por eso echaron mano de la última solu­ción que les quedaba: la reacción fascista. El revolucionario ruso León Trotsky explicó el significado especial del fascismo a diferencia de las medidas de opresión de la policía y los militares, bajo el estado de excepción, a finales de la República de Weimar.
"El fascismo no es solamente un siste­ma de represión, violencia y terror policía­co. El fascismo es un sistema particular de estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en el seno de la sociedad burguesa (...) Para esto no basta con exterminar físicamente a la capa más revolucionaria de los obreros. Hay que aplastar todas las organiza­ciones libres e independientes, destruir todas las bases de apoyo proletario y ani­quilar tres cuartos de siglo de la socialdemocracia y los sindicatos. Porque es sobre este trabajo sobre el que se apoya, en úl­tima instancia, el partido comunista."
La meta la dejo clara el patrono Krupp: "Sólo queremos obreros leales, que desde el fondo de su corazón estén agradecidos por el pan que les dejamos ganar".
En Octubre de 1931 se reunió la plana mayor de la derecha alemana en Bad Harzburg. Se encontraban allí generales jubilados y almirantes, representantes de la Casa Hohenzoller11 y por supuesto, numerosos representantes de la gran industria, de los bancos, etc. También se encontraba presen­te todo el grupo parlamentario del NSDAP12. A principios de 1932, Hitler expuso en el club industrial de Dusseldorf su programa a los representantes del gran capital para asegu­rar su apoyo.
Hitler debía ser utilizado para imponer los intereses del capital: erigir un régimen autoritario, eliminar a los sindicatos, acabar con el subsidio de desempleo, con la seguridad social y en general, con los derechos de los trabajadores.

Alza del NSDAP
Los Freikorps, antecesores de las SS ("Escuadrones de Seguridad"), ya fueron utilizados inmediatamente después de la 1ª Guerra Mundial contra la clase obrera. Has­ta el año 1930, los nazis eran únicamente uno más entre los muchos grupúsculos fas­cistas sin una base de masas.
Los antaño soldados profesionales y ofi­ciales reaccionarios, que, debido a la reduc­ción del ejército a 100.000 hombres (impues­to a Alemania por los vencedores de la guerra en el Tratado de Versalles), quedaron "desempleados", fueron los primeros cua­dros del movimiento fascista.
Sólo durante el desarrollo de la crisis económica consiguió el fascismo una base de masas. En las elecciones al Parlamento de mayo de 1928 el partido nazi sólo consi­guió un 2,6% de los votos; en julio de 1932, en cambio, consiguió un 37,4%, su mejor resultado.
Capas pequeño-burguesas (campesi­nos, funcionarios que entonces estaban claramente separados del movimiento obre­ro, pequeños comerciantes, intelectuales,...) formaban cerca del 50% de la población. En los años revolucionarios,después de 1918, la pequeña burguesía depositó sus esperanzas en la clase obrera, que parecía estar en el camino de la victoria Sólo después de las oportunidades perdidas hasta 1923 se alejó del movimiento obrero. Empobrecida con la crisis de 1929 buscaba una salida radical. Esta parecía encontrarse en Hitler.
Así la mayoría de los afiliados al NSDAP eran empleados, funcionarios y autónomos13. Los obreros eran minoría. En los círculos dirigentes se encontraban, sobre todo, oficiales, catedráticos, empresarios y directores de fábrica.
La brutal aparición de las hordas de las SA14 daba sensación de fuerza. La imagen de los judíos se ofrecía como cabeza de turco. Con­signas en contra del "rapaz capital" y a favor de la eliminación de los "ingresos sin trabajo ni esfuerzo" servían para atraer a los pequeños burgueses — que en la competencia con los grandes capitalistas eran inferiores — y a sec­tores atrasados de la clase obrera. Por eso también aparecían las expresiones "socia­lista" y "obrero" en el nombre del partido.
Sobre la psicología de la pequeña burguesía y su predisposición por las ideas de Hitler, escribió Trotsky: "la pequeña burguesía ne­cesita una autoridad superior, que esté por encima de lo material y de la historia, y que esté a salvo de la competencia, de la infla­ción, de la crisis y de las subastas. A la evolución, al pensamiento materialista y al racionalismo-de los siglos XX, XIX y XVIII-se contrapone en su mente el idealismo nacional como la fuente de inspiración heroica. La nación de Hitler es una sombra mitológica de la pequeña burguesía misma, un delirio patético de un Reich milenario (...) Así como la nobleza arruinada busca con­suelo en la aristocracia de su sangre, la pequeña burguesía pauperizada se embria­ga con cuentos sobre la superioridad de su raza. ("Que es el nacionalsocialismo" 1933)

Movimiento obrero dividido y paralizado
Los nazis nunca tuvieron una gran im­portancia en el movimiento obrero. En las elecciones sindicales de otoño de 1933, después de la toma de posesión de Hitler, la NSBDO (organización sindical nazi), ape­nas consiguió un 3%. Pero entonces ¿cómo pudo llegar al poder y destruir las organiza­ciones obreras?
Entre el SPD y el KPD consiguieron en las elecciones al Reichstag (1928-32) entre un 36% y un 40% de los votos. Las poderosas organizaciones obreras -- SPD, KPD, los sin­dicatos, la prensa obrera y las milicias15 -- seguían existiendo.
Pero, el movimiento obrero estaba dividi­do y paralizado. La dirección del SPD había salvado al capitalismo en los años 1918-23 y así había allanado el camino a las fuerzas reaccionarias y a los fascistas. La burocracia en la dirección del SPD y los sindicatos no tenía ningún interés en hacer peligrar su po­sición privilegiada en la sociedad capitalista mediante "aventuras revolucionarias".
Querían llegar al socialismo "a paso de tortuga". En la práctica, en cambio, se permitió desde 1930 el estado de excepción y los primeros pasos del rearme militar (construc­ción de acorazados). En la lucha contra los nazis creían que los jueces y la policía los contendrían, cuando esos sectores estaban mucho más claramente que hoy al lado de los reaccionarios. Creían todavía en el "espíritu de Weimar" cuando el capital ya había apos­tado por Hitler.
Después de la experiencia de la traición de la dirección del SPD, el KPD se desarrolló como una fuerza de masas. A pesar de esto, la mayoría de los obreros seguía al SPD. La tarea del KPD hubiese sido organizar la ac­ción común de todos los obreros de todos los partidos y sindicatos contra los nazis. El ofre­cimiento de un frente único al SPD hubiese posibilitado una defensa eficaz, junto con los obreros socialdemócratas, del peligro fascis­ta. El KPD con esta política hubiera ganado a la mayoría de la clase obrera para el derribo revolucionario del capitalismo, atajando así el peligro fascista de raíz.
De hecho, el KPD hizo justamente lo con­trario. Desde la victoria de la burocracia estalinista en la URSS, seguía las órdenes de Stalin. Stalin y la dirección del KPD calificaban de fascista a todo lo que se encontraba a su derecha. El SPD no se escapaba de este esquema. "La socialdemocracia es .desde un punto de vista objetivo, el ala moderada del fascismo. Estas organizaciones no se exclu­yen la una a la otra, sino que se complemen­tan. No son antípodas, son hermanos geme­los." Así era definida la teoría del socialfascismo en "Die Rote Fahne"16.
Con esto decían que era lo mismo que estuviese en el poder el SPD o el partido nazi; Brüning o Hitler. Esta política fue siempre y continuamente criticada por la Oposición de Izquierdas en el KPD que luchaba contra la dirección estalinista. Así escribía Trotsky, lí­der de la Oposición de Izquierda Internacio­nal: "Los sabios que se pavonean de no ver la diferencia entre Brüning y Hitler, dicen de hecho: importa poco que nuestras organiza­ciones existan todavía o que ya estén destrui­das."
Debido a este error el KPD se mantuvo pasivo y expectante después de la subida de Hitler al poder. Esperaban que el fascismo se desgastara por sí solo dejando así el terreno libre al KPD.
En enero de 1933 volvió a haber manifes­taciones contra Hitler. 130.000 manifestan­tes sólo en Berlín. También hubo manifesta­ciones en otras partes del país. Pero, mien­tras los Freikorps eran armados sistemáticamente, al proletariado se le quito su fuerza. Estas movilizaciones quedaron como la última muestra masiva de resistencia. La división de las direcciones obreras paralizó el movi­miento obrero. Los trabajadores veían como las huelgas y manifestaciones acababan desperdigándose.
Naturalmente que hizo aparición el mie­do, pero la resistencia nunca acabo del todo. Tanto en 1935 como en 1936 hubo huelgas que acabaron con despidos, encarcelamientos y fusilamientos de los obreros.

Hitler en el poder
Los primeros pasos que Hitler llevó a cabo al llegar al poder fueron la disolución del parlamento, la prohibición de todos los partidos y la destrucción sistemática del movimiento obrero. Social demócratas y co­munistas fueron detenidos y muertos en los campos de concentración y los locales sindicales fueron ocupados.
Hitler no tenía escrúpulos ni frente a sus propios batallones de choque. Desde el principio, Hitler no quería llevar a cabo los puntos "social-revolucionarios" de su programa y con gusto los hubiese eliminado en favor de los capitalistas. Las SA, que en su mayoría esta­ban compuestas por desempleados, se oponían a ello. Sus líderes hablaban siempre de la segunda revolución. En junio de 1934, Hitler hizo liquidar sin titubeos a toda la dirección de las SA.
Después de que la pequeña-burguesía enfurecida y sectores atrasados de la clase obrera y de los cesantes desempeñaran el papel de ariete destruyendo a las organiza­ciones obreras, el dominio de los nazis se fue convirtiendo poco a poco en un régimen policíaco-militar "normal".
El aparato de estado fascista obtuvo una cierta independencia de los capitalistas, pero actuaba enteramente a favor de los intereses de los Stinnes, Flick, Thyssen y compañía. Los programas de rearme beneficiaron a los grandes industriales.
La advertencia de que Hitler significaba guerra pronto se vio confirmada. El exigido "espacio vital para el pueblo alemán" no sig­nificaba otra cosa que fuentes de materias primas para el imperialismo alemán. La des­trucción del movimiento obrero fue necesaria también para poder utilizar a los obreros como carne de cañón durante la 2ª Guerra Mundial.
Las otras potencias imperialistas obser­varon con agrado como Hitler maniató a los trabajadores en 1933. Esperaban que ataca­ra a la URSS. Un político británico, Lord Balfour, llegó a pedir en 1933 el rearme internacional de Alemania contra el peligro del Este.
El pogromo del 9 de Noviembre de 1938 comenzó la persecución sistemática de los judíos que finalizó con el asesinato de seis millones. La explotación de millones de traba­jadores forzosos en los campos de concen­tración fue de gran beneficio para los capita­listas alemanes. Empresas como Volkswagen, Thyssen, Krupp,... pudieron desembarcar, después de la guerra, en el "mila­gro económico" de los '50, mientras que mi­llones de familias obreras sufrieron la muerte y la miseria.
El fascismo hizo un buen trabajo para los capitalistas alemanes, pero también les llevó a una nueva derrota en la 2ª Guerra Mundial. Hoy, después de la reunificación de Alemania, la clase dirigente quiere superar las últi­mas consecuencias de la guerra y volver a ocupar militarmente un papel como potencia imperialista.

El peligro fascista, hoy
Igual que hacían los nazis en los años 30 con los judíos, el gobierno alemán utiliza a los asilados como cabeza de turco, para desviar la atención de las verdaderas causas de la crisis y la miseria. Así, las bandas fascistas se ven embravecidas.
Pero, esto no significa que la clase diri­gente marche hacia el establecimiento de una dictadura fascista. El fascismo es una forma de poder especial que asegura la dominación del capitalismo en épocas de crisis. Esto no es fácil:
* La clase dominante entrega, al me­nos, parcialmente el aparato del estado. Ya se "quemó los dedos" durante la dictadura nazi.
* Todo apoyo abierto a los fascistas puede llevar a una reacción de los jóvenes y los trabajadores.
* En los años 30 los nazis tenían una base social en la pequeña-burguesía empo­brecida que se dejaba movilizar contra el movimiento obrero. Hoy, los partidos de extre­ma derecha se apoyan, más bien, en votos provenientes de los trabajadores. La peque­ña-burguesía clásica ha sufrido una drástica reducción.
La clase dominante utilizará a los neo-nazis, sobre todo, como tropas de apoyo para intimidar a trabajadores extranjeros, asilados, izquierdistas y sindicalistas. El SPD apoyan­do la maniobra de diversión que ha significa­do el debate sobre el derecho al asilo, tiene parte de la responsabilidad en todo esto.
El decir que, de momento, no hay peligro de una toma del poder por los fascistas no es una infravaloración de la extrema derecha. Si la clase obrera no utiliza su poder para com­batir los ataques del capital y transforma la sociedad, la clase dominante podrá encauzar el camino hacia nuevas guerras y dictaduras. Las bandas nazis ya están preparadas para hacer el trabajo sucio.

Referencias:
1.- Räte: consejo o comité obrero, equivalente al soviet ruso.
2.- SPD: Partido Socialdemócrata. En sus orígenes, un partido
marxista revolucionario. A fínales del siglo XIX, la dirección se derechizó.
La decadencia total del SPD se confirmo al votar en 1914 a favor de los
créditos de guerra.
3.- Federico Ebert: líder del SPD.
4.- El 5 de enero de 1919 se inicio el “levantamiento espartaquista” La insurrección sólo tomó pie en Berlín y Baviera. En Munich se formó una república obrera que resistió hasta abril.
5.- Freikorps: cuerpos armados, formados por oficiales y lúmpenes reaccionarios del ejército derrotado del Káiser.
6.- Cuno: jefe de estado, sin partido, del 22-XI de 1922 al 13-VIII de 1923.
7.- KPD: Partido Comunista Alemán
8.- Krupp: poderosa familia de industriales en Alemania y Europa.
9.- Bruning: canciller del 30-I de 1930 al 1-VI de 1932.
10.- Reichstag: parlamento
11.- Hohenzollern: dinastía del Kaiser alemán.
12.- NSDAP: partido nacional socialista obrero alemán. El parti­do de Hitler.
13.- De cada 100 afiliados, 21 eran funcionarios, 15 autónomos, 12 empleados; 8 campesinos y 5 obreros.
14.- SA: Tropas de asalto u organización paramilitar del partido nazi alemán.
15.- Tanto el SPD como el KPD disponían de miles de militantes encuadrados en milicias equivalentes a las SA nazis.
16.- Die Rote Fahne: 'Bandera Roja', periódico del KPD.


Historia : Alemania 1918-1919, la revolución comienza (Parte 3 y Final)

Posted by Nuestra publicación: on domingo, agosto 09, 2009

Tempranas esperanzas e ilusiones


En cierto sentido, cómo las primeras etapas de la revolución alemana, desplegadas fueron similares a las de Rusia, pero, inicialmente, a un ritmo mucho más rápido. La revolución de noviembre había resultado en que los consejos tomaron el poder efectivo en una serie de ciudades como Hamburgo. En Baviera, un "consejo de la república" se había declarado. En Sajonia, un manifiesto publicado conjuntamente por los consejos de Dresden, Leipzig y Chemnitz, declaró que el capitalismo se había derrumbado y que la clase obrera había tomado el poder. En algunas zonas, unidades de trabajadores armados se formaron para proteger la revolución.



Las revoluciones se caracterizan porque las amplias masas entran en escena y este fue el caso en Alemania. Las organizaciones de trabajadores crecieron muy rápidamente, en parte porque los soldados desmovilizados se reincorporaron a las organizaciones, pero, principalmente, porque grandes sectores de la clase trabajadora tomaron los primeros pasos en la actividad. La afiliación sindical, de 2,8 millones en 1918, saltó a 7,3 millones el año siguiente. El SPD creció de 249.400 en marzo de 1918 a más de 500.000 un año después, mientras que la izquierdista USPD creció de 100.000 a 300.000 entre noviembre 1918 y febrero de 1919.



Inicialmente, este repentino aumento tendió a empujar a los más activos, las capas más radicalizadas hacia una minoría, mientras las recientemente activas tendieron a tener más ilusiones y esperanzas en el SPD y en los dirigentes sindicales. Este fue también el caso en los primeros días de la revolución rusa, cuando los Bolcheviques, a pesar de ser el más grande partido de los trabajadores antes de febrero, se convirtieron en una minoría en los soviets, donde el apoyo fue a la Mencheviques y Social revolucionarios. Sin embargo, una combinación de la experiencia los trabajadores y campesinos y el trabajo de los Bolcheviques, significó que en cuestión de meses, ellos recuperaron el apoyo de la mayoría y estuvieron en condiciones de llevar a cabo la Revolución de Octubre.



Esto es algo que los dirigentes del SPD desesperadamente querían detener. Conscientemente, ellos actuaron para impedir el derrocamiento exitoso del capitalismo. No fue sólo el movimiento de la clase obrera quien aprendió de la revolución rusa, la contrarrevolución, también, se hizo más consciente.



Inmediatamente después de noviembre, Alemania enfrentó una situación de poder dual. Por un lado, la revolución había arrasado gran parte del poder del antiguo régimen. Por un par de semanas como mínimo, los consejos de trabajadores, soldados y marineros tuvieron verdadero poder. Pero este no fue consolidado y los dirigentes del SPD trabajaron con a los capitalistas para neutralizar los consejos y restablecer la normalidad del gobierno burgués. El SPD tenía que moverse con mucho cuidado, sin embargo, debido a que la marea revolucionaria no había decaído. Sin embargo, como sucede en la mayoría de las revoluciones, hubo un momento cuando secciones de los trabajadores sintieron que su poder se estaba perdiendo y el orden capitalista estaba siendo reimpuesto. En muchos casos, como en los 'Días de julio' de la revolución rusa, esto puede llevar a intentos espontáneos para detener la revolución que se deshace. Los dirigentes del SPD se movilizaron para tratar de provocar a los trabajadores más radicalizados hacia una acción prematura – prematura, porque la masa de los trabajadores aún no habían sacado las mismas conclusiones que ellos tenían.



En la revolución rusa, los bolcheviques habían entendido esto y vieron el de dar una dirección y estrategia que pudiera prevenir que los activistas más avanzados quedaran aislados y para que pudieran convencer a la masa de la clase trabajadora y los pobres de las acciones necesarias para completar la revolución. En este momento en Alemania, no había ninguna fuerza equivalente en condiciones de desempeñar el rol que los bolcheviques jugaron.


Impaciente por el cambio


La Liga Espartaco sólo se formó a mediados de noviembre de 1918. Su fuerza no es clara, pero es probable que entonces hayan tenido alrededor de 10.000 seguidores, su composición inicial fue de unos pocos miles, aunque comenzaron a crecer rápidamente. Desde el principio, hubo debates en el seno de los Espartaquistas y la izquierda revolucionaria más amplia sobre la forma de trabajo.



Desde la fundación del USPD, Luxemburgo, Liebknecht y los Espartaquistas habían participado activamente en el nuevo partido, manteniendo al mismo tiempo su propio grupo y publicaciones. Esto había continuado durante la revolución con, por ejemplo, un gran debate en Berlín a mediados de diciembre sobre si el USPD debía permanecer en el gobierno de coalición.



Al mismo tiempo, hubo un debate sobre si los Espartaquistas, junto con otros que trabajaban fuera de la USPD como la Izquierda de Bremen, debían formar un Partido Comunista. Luxemburgo tendía hacia permanecer en el aún creciente USPD, por lo menos hasta su próximo congreso; mientras que Liebknecht y otros deseaban fundar un partido de inmediato. Claramente, un partido revolucionario independiente era necesario. También era importante prestar atención a lo que estaba sucediendo en el interior de la rápida radicalización del USPD. De hecho, más tarde, en 1920, el Partido Comunista (KPD) se convirtió en una verdadera fuerza de masas cuando se fusionó con la mayoría del USPD.


Pero, en ese momento, había un alto grado de impaciencia entre muchos socialistas revolucionarios alemanes. Esto fue debido a una serie de factores, especialmente, la urgente necesidad de completar la revolución de noviembre y ayudar a la Rusia soviética, derrocando el capitalismo en Alemania. Además, había un enorme y creciente odio hacia los dirigentes del SPD, debido a lo que habían hecho durante la guerra, al papel que estaban desempeñando en la revolución y a la creciente voluntad de los dirigentes del SPD para reprimir sangrientamente a la oposición en la izquierda.



Esto ocurría en el contexto que, cuando el KPD fue fundado a fines de 1918, la mayoría decidió abstenerse en las próximas elecciones a la asamblea nacional, en contra de los deseos de Luxemburgo, Liebknecht y otros. Lamentablemente, la mayoría no vio como, en ese momento, las elecciones a la asamblea (la primera votación plenamente democrática en la historia alemana) tendrían gran apoyo y que era necesario que los marxistas utilizaran las elecciones para explicar su posición a los votantes. Al mismo tiempo, la radicalización en Berlín y algunas otras áreas llevó a una sobreestimación del apoyo existente para otra revolución que completara la de noviembre. Un ejemplo de este estado de ánimo, fue cuando el día de Navidad, algunos Espartaquistas en Berlín publicaron un documento en el que se llamaba al inmediato derrocamiento del gobierno y su sustitución por “verdaderos socialistas, es decir, por los Comunistas”.



Una característica de la revolución alemana, fue que se desarrolló a un ritmo diferente a través del país. En diferentes áreas hubo repetidos intentos por parte de los trabajadores para tomar el control en sus manos. Pero no había una fuerza nacional capaz de dar dirección a estos intentos, incluido el juzgar cual era el mejor momento, o como conscientemente ganar apoyo a nivel nacional. Trágicamente, aunque el gobierno era demasiado débil para aplastar simultáneamente todos los movimientos, la contrarrevolución utilizó diferentes velocidades para moverse alrededor de Alemania, ciudad por ciudad. Sin embargo, al comienzo de 1919, Berlín era la clave, así como la situación de doble poder no estaba resuelta.


La provocación de Berlín


En diciembre, el gobierno del SPD decidió organizar una provocación en Berlín. Habiendo reunido a las tropas contrarrevolucionarias del Freikorp fuera de la ciudad, ordenó la remoción del jefe de policía en Berlín, el miembro del USPD, Emil Eichhorn. El USPD de Berlín, la Organización Revolucionaria de delegados sindicales y el KPD, llamaron a una manifestación de masas el 5 de enero para defender la posición de Eichhorn. El éxito de la protesta convenció a algunos de los dirigentes que era posible derrocar al gobierno y un Comité Revolucionario Interino formado por las tres organizaciones, ser establecido. En este comité, Liebknecht, con el apoyo del posterior líder de Alemania Oriental, Wilhelm Pieck; argumentó en contra de la política del KPD sobre que era "posible y necesario" ahora, derrocar al gobierno del SPD. Al día siguiente, 6 de enero, se registró un mayor manifestación de alrededor de 500.000 trabajadores, muchos armados, pero que esperaron durante horas bajo la lluvia, antes de dispersarse, mientras el Comité Revolucionario no pudo presentar ninguna propuesta sobre lo que ellos debían hacer.



Este intento de tomar el poder fue prematuro, cayendo en la provocación de los dirigentes del SPD. Ellos podrían representar esto como un ataque al gobierno, a la mayoría del congreso nacional de los consejos y en las próximas elecciones a la asamblea nacional. Es probablemente el caso de que, en la protesta del 5 de enero, agentes provocadores alentaran la ocupación de las oficinas del SPD y la prensa burguesa; y no los objetivos más importantes e inmediatos para el éxito de una revolución; un terreno favorable para las tropas del Freikorp. Aunque los trabajadores revolucionarios eran probablemente lo suficientemente fuertes para gobernar por sí solos Berlín, este no era el caso en la mayor parte del resto de Alemania, donde las ilusiones y las esperanzas todavía existían en el gobierno del SPD. Como se vio en otras ciudades alemanas en los próximos meses, en ese momento una insurrección victoriosa en Berlín, probablemente habría sido aislada y habría abierto el ataque contrarrevolucionario.


El 8 de enero, las tropas de Noske iniciaron su ofensiva, vestida políticamente como una lucha contra el 'terrorismo'. En una declaración, Noske, afirmando estar defendiendo la historia del SPD, dijo que el, "un trabajador, está en la cúspide del poder en la república socialista". La realidad era brutalmente diferente. Noske no estaba bromeando cuando dijo, justo antes de esta batalla: "Si tu quieres, alguien tiene que ser el perro de presa. Yo no voy a rehuir de la responsabilidad". Noske ayudo a organizar los Freikorps como una fuerza contrarrevolucionaria, una de cuyas tareas era tratar de descabezar la revolución, matando a los más conocidos comunistas, Luxemburgo y Liebknecht, y la represión en la capital. Así, Luxemburgo y Liebknecht fueron asesinados por oficiales del Freikorp el 15 de enero, tres días después que los combates habían cesado.


Si bien esta sangrienta derrota fue un importante golpe contra la revolución y el KPD en particular, aquí no termina la radicalización del proletariado de Berlín. Esto se reflejó en las elecciones a la asamblea nacional, sólo una semana después de la represión de la 'Sublevación Espartaco', con la izquierda del USPD ganando el 27,6% en Berlín, en comparación con el 7,6% a nivel nacional; mientras que la votación del SPD en Berlín fue del 36,4% (37,9% a nivel nacional).


Mientras los combates en Berlín estaban llegando a su fin, una república de los consejos fue proclamada en Bremen. Después de terminar en Berlín, Noske ordenó a las unidades del Freikorp aplastar el movimiento allí. Esto, en cambio, provocó huelgas de masas y combates en la cuenca del Ruhr, Sajonia y Renania y, a principios de marzo, una huelga general y más lucha en Berlín. En otras áreas, como Hamburgo y Turingia, también hubo una situación cercana a la guerra civil, mientras que en Munich la república de los consejos fue una de las últimas en caer, a principios de mayo.


La revolución de noviembre mostró el colosal poder de la clase trabajadora en la sociedad moderna. Los trabajadores alemanes fueron capaces de derrocar la virtual dictadura militar que gobernó el país durante la guerra y al régimen imperial. Ellos crearon los consejos de trabajadores y soldados por todo el país, se volcaron hacia los partidos políticos y sindicatos, y exigieron 'socialización'. Tuvieron la posibilidad de tomar el poder por derecho propio, pero fueron bloqueadas por el rol del SPD, el partido que originalmente se había establecido para derrocar el capitalismo. El capitalismo alemán sólo pudo sobrevivir en 1918 por cortesía de los líderes socialdemócratas, que tienen una responsabilidad importante en la historia del resto del siglo 20.


Incluso derrotado en 1918-1919, la fuerza del movimiento fue suficiente para evitar que la contrarrevolución aplastara todos los derechos democráticos. La contrarrevolución se vio obligada a tomar una forma 'democrática', incluso a veces vestirse con una fraseología ‘socialista’, por el momento.


Había todavía la oportunidad para el KPD, de aprender de las experiencias de la revolución de noviembre. Aunque el capitalismo sobrevivió a esta primera batalla, la revolución alemana no había terminado, así como millones de trabajadores se movían hacia la izquierda, dejando de apoyar al SPD y, a finales de 1920, convierten al KPD en una verdadera fuerza de masas. Sin embargo, la tragedia es que cuando, después de una serie de luchas heroicas, el KPD fue capaz de obtener el apoyo de la mayoría de los trabajadores en 1923, dejaron escapar la oportunidad; con las desastrosas consecuencias de ello. En lugar de un mundo siendo completamente transformado, fue el ascenso del estalinismo y más tarde la victoria de Hitler, con todo lo que aquellos eventos significarían para la humanidad.

Historia : Alemania 1918-1919, la revolución comienza (Parte 2)

Posted by Nuestra publicación: on sábado, agosto 08, 2009

Organizando a la izquierda


Casi desde el comienzo de la guerra, la izquierda anti-guerra enfrentó obstáculos. Junto con el impacto de ser, inicialmente, ampliamente tomados por sorpresa, vieron que el estado y la dirección del SPD se movilizaron contra ellos, mediante la censura, el llamado a los militares, la represión del estado y dentro del SPD; dirigidas para silenciar a la oposición. Más fundamentalmente, la cuestión era que lecciones y conclusiones se necesitaba sacar de este punto de inflexión, con la transformación del SPD de un arma para derrocar el capitalismo a un instrumento en la búsqueda para garantizar el capitalismo. Esta fue una nueva experiencia en el movimiento obrero. Si bien ha habido ejemplos de personas que rechazaron la idea de luchar por una revolución socialista, y otros que apoyan abiertamente al capitalismo; esta conversión de la mayoría de los partidos de la Internacional Socialista fue sin precedentes.



Lo que se necesitaba era un programa claro y un enfoque hacia los trabajadores que aún apoyaban al SPD, con una mezcla de la lealtad del pasado y la esperanza de que aún sería un instrumento de cambio para la clase trabajadora; y a aquellos que no comprendían plenamente las cuestiones planteadas por la transformación del SPD.


Pero el fracaso en el pasado para organizar a los elementos revolucionarios dentro del SPD hizo más difícil el sacar las necesarias conclusiones políticas y organizativas. La publicación en febrero de 1916, en Suiza, del folleto Junius de Luxemburgo tuvo un gran impacto en la izquierda anti guerra en Alemania. Sin embargo, en su revisión del folleto, Lenin, señalo que "en general... es un espléndido trabajo marxista", comentó que da la "imagen de un hombre solo" luchando y que, por desgracia, la izquierda alemana trabajando en una semi-dictadura, sufrió de una "falta de compacta organización ilegal".


En enero de 1916 se produjo un encuentro de los seguidores de Die Internationale - el periódico que Luxemburgo había contribuido a lanzar – que aprobó su tesis sobre la guerra y estableció el Grupo Internacional, que rápidamente llegó a conocerse como los Espartaquistas, después de la serie Cartas de Espartaco (nota: periódico clandestino) que publicaron desde 1916 en adelante.


Luxemburgo temía que la formación de una organización revolucionaria independiente podría llevarlos al aislamiento de las masas que aún miraban al SPD (y, más tarde, al USPD, el SPD Independiente). Pero mientras los marxistas tenían que evitar la creación de una barrera sectaria entre ellos mismos y la más amplia clase obrera, ninguna organización no era la respuesta. Sin organización no había terreno en el cual las ideas y experiencias pudieran ser discutidas, y las propuestas formuladas y aplicadas en forma concertada. Luxemburgo, reaccionando a la forma en que la organización del SPD se había convertido en un obstáculo burocrático a la lucha de los trabajadores, creía que cuando los trabajadores entraran en lucha, la necesaria claridad política y organización podría desarrollarse espontáneamente.


Expulsiones del SPD


La creciente oposición a la guerra y la ira con que, correctamente, se había visto la traición de los líderes del SPD, se vio reflejada en las luchas en el SPD. Mientras la dirección del SPD se había pasado al lado de la clase dominante, dentro de sus filas muchos todavía se apoyaban la tradición marxista y la política contra la guerra.



Estas tensiones se reflejaron también en las altas esferas del SPD, en su fracción parlamentaria. Después de menos de dos años en guerra, 20 disidentes fueron expulsados de la fracción parlamentaria. Las divisiones en el SPD siguieron creciendo hasta que, en abril de 1917, la división se formalizó con la creación del Partido Social Demócrata Independiente (USPD) en base a la izquierda anti guerra. Esto fue provocado por la expulsión de los opositores a la guerra del SPD, antes de enero del año anterior, después de haber organizado una conferencia nacional. El nuevo partido arrastró entre un cuarto y un tercio de los miembros del SPD. Su fuerza variaba de una zona a otra: en Berlín, Leipzig y otras cuatro áreas, toda la estructura organizativa del SPD del distrito se sumó al USPD. El nuevo partido tenía alrededor de la mitad de sus miembros concentrados en Berlín, Leipzig y la zona de Düsseldorf-Elberfeld.



Políticamente, la USPD era muy desigual. Este incluyó a representantes del ala reformista del periodo de pre-guerra, como Eduard Bernstein, que estaban en contra de la guerra desde un punto de vista pacifista. Kautsky, uno de los principales representante de las tendencias de centro antes de la guerra, también era miembro. Al mismo tiempo, el USPD incluyó a muchos que se movían en una dirección revolucionaria, que fue la razón por la que Luxemburgo, Liebknecht y el Grupo Internacional se unió a el.



Muy rápidamente, la situación cambió a mediados de 1918. El fracaso de la ofensiva de de primavera del ejército alemán y la llegada de un número creciente de tropas de EE.UU., convenció a la dirección militar que la guerra no podía ser ganada. El 29 de septiembre, ellos pidieron que el gobierno demandara una tregua. No queriendo tomar responsabilidad política por la admisión de que la guerra se había perdido, y queriendo utilizar a los líderes parlamentarios como cubierta, los generales renunciaron a su régimen dictatorial. El primer gobierno alemán formalmente responsable ante el parlamento, más allá del Kaiser, fue formado. A mediados de octubre, este pidió al presidente de EE.UU., Woodrow Wilson, ayuda para negociar una tregua. Significativamente, en una abierta ruptura con su pasado, el SPD aportó dos ministros (uno de los cuales fue también vicepresidente del movimiento sindical), para sentarse en esta coalición capitalista encabezada por el príncipe Max Von Baden.


La Revolución de Noviembre


La chispa que hizo estallar la revolución fue un motín naval en Wilhelmshaven, que se extendió a Kiel, cuando los marineros se negaron a participar en una última batalla sin sentido con la armada británica. Esto condujo a un enfrentamiento en Kiel el 3 de noviembre, donde siete manifestantes fueron muertos y muchos heridos. Como los marineros enviaron emisarios, el levantamiento revolucionario se extendió por todo el país en cuestión de días, formándose concejos de trabajadores, soldados y marineros en muchas ciudades, pueblos y puertos.

Los eventos se desarrollaban rápidamente. El 9 de noviembre vio a los dirigentes del SPD, a regañadientes, declarar una república y, después de la dimisión de Von Baden, de acuerdo a su propuesta, el líder del SPD, Friedrich Ebert, se convirtió en canciller (primer ministro). Desesperadamente, el SPD trataba de encontrar formas de controlar la situación. Entendiendo el estado de ánimo revolucionario, trató de apaciguar a la clase obrera y la rebelión militar, procurando al mismo tiempo garantizar que el sistema capitalista continuara. Desesperados por dar la apariencia de revolucionarios, el gobierno dirigido por el SPD, al día siguiente de su formación, tomó el nombre de Rat der Volksbeauftragten (RDV - Consejo de Comisarios del Pueblo), que podría traducirse como exactamente el mismo nombre del gobierno bolchevique en la Rusia soviética. Pero, mientras que el nombre era prácticamente el mismo, había una diferencia fundamental entre el gobierno del SPD que trataba de salvar el capitalismo y el gobierno bolchevique que se esforzaba por ponerle fin a nivel internacional.



Al mismo tiempo, el SPD se movilizó para tratar de neutralizar a la izquierda, bajo el lema "unidad de la clase obrera", involucrando al USPD en el nuevo gobierno, dándole tres Comisarios del Pueblo, el mismo número que el SPD. El SPD incluso insinuó que Liebknecht, recientemente liberado de la cárcel, sería "bienvenido" en el gobierno, algo que él correctamente rechazó. Los dirigentes del USPD tenían la ilusión de que estaban entrando en el gobierno "con el fin de salvaguardar los logros de la revolución socialista". A lo sumo, ellos fueron indulgentes con sus ilusiones, pues como los dirigentes del SPD prontamente dejaron claro que, si bien ellos todavía usaban frases socialista, su objetivo era salvaguardar el capitalismo, previniendo que la Revolución Rusa de Octubre se repitiera en Alemania.


La traición del SPD



Los líderes del SPD tenían una política conciente para evitar el derrocamiento del capitalismo. En vísperas de la abdicación del Kaiser, Ebert se quejó de que "si el Kaiser no renuncia la revolución social es inevitable. Pero yo no la quiero, de hecho, la odio como al pecado". Usando el prestigio del SPD, todavía considerado por muchos trabajadores alemanes como "su" partido, los líderes del SPD se esfuerzan por ganar tiempo para la estabilización del capitalismo. En algunas zonas, fueron dirigentes locales del SPD quienes tomaron la iniciativa en la formación de consejos, con el fin de asegurar el control sobre estos consejos. La revolución trajo la demanda de "socialización" (nacionalización bajo control democrático), entonces tanto como un gesto hacia esta demanda y además, como una manera de dejarla de lado, el RDV decidió a mediados de noviembre establecer un comité para ver qué industrias estaban "maduras" para la socialización - hay que decirlo, nada salió de este órgano. Cuando el primer Congreso Nacional de consejos de Trabajadores y Soldados abrió en diciembre, Ebert, declaró que "el proletariado victorioso no instituye dominio de clase".



Una vez más aprendiendo las lecciones de la revolución rusa, los dirigentes del SPD trataron de minimizar rápidamente y, a continuación, dejar de lado los consejos. En congreso nacional de consejos de diciembre, el SPD aseguró por 344 votos a 98, el rechazo de la declaración de una república socialista y, en su lugar, llamo a elecciones en enero para una asamblea nacional, con el claro objetivo de redactar una constitución para una república capitalista.



Pero la revolución se estaba moviendo rápidamente, especialmente en Berlín y algunas otras áreas. Secciones de los trabajadores, soldados y marinos estaban, a pocas semanas del inicio de la revolución; frustrados y enojados de que el antiguo régimen y el sistema capitalista no estuvieran completamente destruidos. A finales de noviembre, a los manifestantes de izquierda en Berlín se les disparó. A principios de diciembre, 14 fueron asesinados en Berlín por simpatizantes del gobierno que dispararon sobre protestas de soldados revolucionarios. Dos días más tarde hubo un ataque sobre el diario de los Espartaquistas, Die Rote Fahne, y un intento de secuestrar a Liebknecht, que dirigiría una enérgica protesta de 150.000 manifestantes al día siguiente.



Ante esta radicalización y el creciente apoyo a la izquierda, los dirigentes del SPD intentaron recuperar el control. El 24 de diciembre se registró un ataque a la División Naval del Pueblo (Volksmarinedivision), una fuerza que originalmente había sido enviada a Berlín para salvaguardar el del SPD, pero que se había radicalizado enormemente. Después de haber participado en una manifestación encabezada por los Espartaquistas, tomaron de rehén a Otto Wels, un líder del SPD; el gobierno ordenó que el 80% de sus fuerzas debía ser dado de alta. Cuando los marineros se negaron esta orden, el SPD envió otras unidades militares para atacar a los marinos, dando lugar a la denominada "Navidad sangrienta", cuando los marineros se defendieron con éxito.



Esto llevó a la crisis final en la coalición SPD-USPD, con el USPD renunciando a los Comisarios del Pueblo el 29 de diciembre después de "Navidad Sangrienta" y también el rechazo del SPD para aplicar la 'Puntos de Hamburgo', un programa para dar poder a los consejos de los soldados, que había sido acordado por el congreso nacional de consejos. Los comisarios del USPD fueron reemplazadas por tres representantes del SPD, entre ellos Gustav Noske, que se convirtió en responsable del ejército y la marina.

El rápidamente comenzó la organización de las fuerzas militares de la contrarrevolución, los Freikorps (muchos de los cuales en la década de 1920 se unieron a los nazis). A finales de 1918, el SPD comenzó a desplegar las unidades Freikorp cerca de Berlín en la preparación de un golpe contra la revolución.

...Continuará

Historia : Alemania 1918-1919, la revolución comienza (Parte 1)

Posted by Nuestra publicación: on viernes, agosto 07, 2009

Noviembre del 2008 marca el 90 º aniversario del inicio de la revolución alemana. Tuvo lugar en el que fue el país más industrializado del mundo, con la participación de su clase obrera más poderosa. Pisando los talones de la revolución rusa de 1917, esta tenía el potencial de cambiar el curso de la historia. ROBERT BECHERT analiza estos increíbles acontecimientos revolucionarios, evaluando su relevancia para los socialistas el día de hoy.


Robert Bechert

Comité por una Internacional de Trabajadores, CIT.



Así como el capitalismo entra probablemente en su peor crisis desde la década de 1930, el debate ya se está desarrollando en cuanto a cual será su impacto económico, social y político. Mientras los bancos y los mercados de valores caen, se asoma el espectro de otra Gran Depresión, grabada en la memoria popular como un período de desastre económico, deprivación, amargas luchas, guerras civiles y, por supuesto, el auge del fascismo, particularmente en Alemania.

Esto coincide con el 90 º aniversario en Alemania del derrocamiento del Kaiser y el comienzo de la revolución de 1918-23. La cuestión de "Weimar", en el sentido de la historia y el destino de la primera república alemana nacida en 1918-19, nunca desapareció por completo en la Alemania post 1945. Los famosos mártires revolucionarios del comienzo de la revolución, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo en particular, no están olvidados. Oskar Lafontaine, co-líder del tercer mayor partido de Alemania, Die Linke (La Izquierda), por ejemplo, mencionó a ambos en su discurso durante su primer congreso el pasado mes de mayo.



Los medios de comunicación, frecuentemente, pintan la imagen de que el colapso económico de 1930 casi llevó directamente a la victoria de Hitler - a veces la hiperinflación de 1923 se lanza así como una razón para el éxito de los nazis. Sin embargo, como León Trotsky primero explicó, no era éste el caso. La causa inmediata y fuente esencial del triunfo de Hitler, esta en el rechazo de la dirección del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) a romper con el capitalismo y, más tarde, el ultraizquierdismo de la dirección de la Internacional Comunista que llevó, en la práctica, a rechazar un frente unido de las organizaciones de trabajadores contra el fascismo.



Sin embargo, como en la mayoría de los intentos para confundir, hay un grano de verdad en la idea de que una fuente del éxito de Hitler, fue la crisis de 1923. Pero 1923 no fue sólo la ampliamente conocida hiperinflación. Fundamentalmente, es la historia de una oportunidad perdida. Alemania en 1923 vio el final de la revolución que había comenzado en 1918, pero también fue la única ocasión, hasta ahora, en que la mayoría de la clase obrera en un país industrializado e imperialista, apoyó un partido marxista revolucionario, en la forma del Partido Comunista Alemán (KPD).



Durante muchos años, los marxistas habían visto Alemania como un país clave, debido a su muy fuerte movimiento obrero, dirigido por marxistas; y por su poder económico. A pesar de su derrota en la primera guerra mundial y las consiguientes reparaciones, Alemania seguía siendo el país decisivo en Europa. A principios de los años 1920, Berlín fue la cuarta ciudad más poblada del mundo e internacionalmente, la mayor ciudad industrial.



Cuando, en 1918, la revolución alemana de noviembre comenzó, casi exactamente un año después que los bolcheviques habían llegado al poder en Rusia, Vladimir Lenin estaba extasiado. Nadya Krupskaya, su mujer, escribió más tarde que Lenin estaba "completamente avasallado por las noticias" y que "los días del primer aniversario de Octubre fueron los días más felices de su vida". No sólo por el derrocamiento del Kaiser y el probable final de la primera guerra mundial, sino que también porque Lenin, Trotsky y los bolcheviques entendieron que el destino final de la revolución rusa estaba vinculada al éxito de la revolución socialista en el resto de Europa, especialmente Alemania.

Así como la revolución alemana y austro-húngara comenzaron, Lenin escribió a la dirección soviética que "el proletariado ruso está siguiendo los acontecimientos con la mayor atención y entusiasmo. Ahora, incluso los trabajadores más ciegos en los diferentes países, verán que los bolcheviques tenían razón en basar sus tácticas completamente en el apoyo de la revolución proletaria a nivel mundial".


Pero, como amargamente sabemos, la revolución alemana no triunfo y, en lugar de la creación de una sociedad socialista, el capitalismo continuó. No sólo este fracaso llevó a los horrores del fascismo y la segunda guerra mundial, sino que también abrió el camino a la victoria del estalinismo en Rusia y, en última instancia, socavó completamente los logros de la revolución rusa.


Junto a su importancia histórica, para ayudar a definir el curso del siglo XX, la historia de la revolución alemana entre 1918 y 1923 contiene importantes lecciones para los marxistas hoy. Es, hasta ahora, el único ejemplo de una revolución que se desarrolla durante varios años en un país moderno e industrial y puede ilustrar muchas cuestiones del programa, estrategia y tácticas que enfrentarán los marxistas en los más tormentosos tiempos en que estamos entrando. En particular, las preguntas girarán en torno a cómo un partido marxista de masas puede desarrollarse, cómo se puede ganar el apoyo de la mayoría de la clase obrera y, en última instancia, que se debe hacer cuando se llega a esa posición.


El punto de inflexión


Junto con la fortaleza económica de Alemania, un elemento clave de esta revolución es el poder de su movimiento obrero. Antes de la guerra de 1914-18, el SPD era visto internacionalmente como un modelo y era el principal partido de la Segunda Internacional, que estaba, entonces, fundamentalmente compuesta por partidos marxistas. El SPD había allanado el camino en la construcción de masivas organizaciones de la clase trabajadora que formalmente, al menos, tenían el objetivo de derrocar el capitalismo. Rechazando los intentos de comprometer formalmente al partido de simplemente reformar el capitalismo, el congreso del SPD de 1901, por ejemplo, condenó los "revisionistas esfuerzos… para suplantar la política de la conquista del poder por la superación de nuestros enemigos con una política de acomodación al orden existente". Organizativamente, el SPD disfrutó de un crecimiento masivo. Después de salir tras doce años de ilegalidad en el año 1890, la votación del SPD aumento en cada elección nacional, llegando a 4,25 millones (34,7%) en 1912. Al año siguiente, sus miembros llegaron a un máximo de 1.085.900 personas.



Sin embargo, el patrimonio revolucionario del SPD estaba siendo socavado por una combinación de ilusiones sembradas por ese período de crecimiento económico y, paradójicamente, por el crecimiento año tras año del SPD. La mayoría de las capas dirigentes en el SPD y los sindicatos comenzaron a asumir que el movimiento seguiría progresando casi automáticamente hasta ganar una mayoría y que paso a paso las reformas constantemente mejorarían la vida de los trabajadores. Con el tiempo, esto condujo al abandono de facto de la expectativa de que la crisis alcanzara al sistema y de una perspectiva revolucionaria, ya que la mayoría de la dirección pensó que, en general, el capitalismo iría en constante desarrollo.


Fue el estallido de la guerra lo que trajo a la luz que la mayoría de la dirección del SPD había adoptado claramente una posición procapitalista y debería, en el futuro, oponerse a una revolución socialista. Este fue el significado esencial del punto de inflexión del 4 de agosto de 1914, cuando el SPD votó para apoyar a 'su' lado en esta guerra inter imperialista librada por las que, a lo sumo, eran semi-democracias. La posibilidad de la guerra había sido ampliamente debatida por años en el movimiento obrero, pero lo que fue un completo shock fue que en la mayoría de los países los partidos combatientes de la Segunda Internacional decidió inmediatamente apoyar "su propio" lado, con las únicas excepciones de Rusia y Bulgaria. Que el SPD decidiera apoyar esta guerra, a diferencia de su oposición a la ocupación prusiana de Francia en 1870, y colaborara con el gobierno, fue un impresionante golpe que efectivamente marcó el final del partido que proclamaba ser revolucionario. Este fue un paso decisivo hacia la integración de los dirigentes del SPD dentro del sistema capitalista y preparó el camino para el papel abiertamente contrarrevolucionario que ellos desempeñaron después de 1918.


El ánimo anti-guerra crece


Pero esto no fue del todo un rayo caído de la nada. Ya antes de 1914, se había producido una aguda lucha política dentro del SPD. Durante este periodo, Luxemburgo se convirtió en la principal oponente a la creciente tendencia reformista y no revolucionaria dentro del partido. En 1914, el SPD estaba dividió en tres tendencias: el ala abiertamente reformista, el llamado centro (dirigido por Karl Kautsky), y los radicales (es decir, la izquierda marxista), encabezada por Luxemburgo, Liebknecht y otros. Pero, a diferencia de los bolcheviques en su lucha entre 1903 y 1912 en la Socialdemocracia rusa, Luxemburgo no reunió el ala marxista en una oposición coherente que sistemáticamente luchara por sus ideas y ganar apoyo. Trágicamente, esto contribuyó a su debilidad en el comienzo de la revolución de 1918 y a su posterior pérdida de oportunidades y derrotas.



Desde 1914 hubo oposición a los dirigentes pro guerra del SPD por parte de muchos activistas defensores del partido, hasta entonces, la posición de los socialistas internacionalistas. Durante un tiempo, ellos fueron desbordados y relativamente aislados por la ola patriótica que inicialmente barrió a todos los países combatientes y ellos enfrentaron una creciente represión tanto de los dirigentes del SPD como de las autoridades militares. Además, la internacionalistas no estaban particularmente bien unidos entre sí, en términos de un claro programa común o actividades. Parcialmente, los miembros anti-guerra del SPD habían sido golpeados por una nueva experiencia: difícilmente alguien esperaba que el SPD estuviera a favor de la guerra, en el peor de los casos, muchos del ala de izquierda pensaron que la dirección del SPD trataría de ser "neutral". Lenin, en primer lugar, no creyó la noticia que el SPD había votado a favor de la guerra. La izquierda del SPD careció de coherencia política y organizativa lo que hizo mucho más difícil el responder.


Sin embargo, como se puso de manifiesto que la guerra no sería corta, así como se propagaban las noticias de la horrible masacre de la guerra de trincheras y la escasez de alimentos producidos en casa, la oposición a la guerra se estableció. Relativamente pronto, las protestas contra la guerra y sus efectos, especialmente sobre los precios y, a veces drásticos recortes en el suministro de alimentos, comenzó a desarrollarse en las calles, en los lugares de trabajo y en el parlamento. En 1916, huelgas se realizaron por los problemas del suministro de alimentos y los salarios; y después del arresto del 1 de mayo de Liebknecht, parlamentario líder de la izquierda anti-guerra del SPD, hubo una fuerte huelga de protesta de 55000 personas en Berlín. En diciembre de 1914, Liebknecht fue el primero de los 110 diputados del SPD en votar en contra de la guerra. Un año más tarde, 20 votaron en contra y 24 se abstuvieron.


La oposición a la guerra recibió un enorme impulso de la revolución rusa de 1917, tanto con el derrocamiento del zarismo en febrero y la victoria bolchevique de octubre. De inmediato para los trabajadores alemanes, Rusia se convirtió en un ejemplo de cómo derrocar a una monarquía y establecer una república. En particular, los 'soviets' (consejos) formado por los trabajadores rusos, soldados y campesinos se convirtieron en un ejemplo. La huelga de aproximadamente 300.000 trabajadores en abril de 1917, sobre todo en Leipzig, vio la primera formación de consejos de trabajadores (denominados Räte) en Alemania. Junto a una creciente radicalización de los trabajadores, el malestar se extendió dentro de los militares, con los marineros formando una organización secreta. El impacto de la revolución rusa creció enormemente después de la Revolución de Octubre, cuando el poder pasó a manos de los soviets dirigidos por los bolcheviques. Un factor clave en esto, fue la política constante de los bolcheviques de apelar conscientemente a los trabajadores del resto de Europa, especialmente Alemania, de seguir el ejemplo de los trabajadores rusos para ganar los derechos democráticos, poner fin a la guerra y derrocar el capitalismo.

En este contexto, las huelgas de enero de 1918 se extendieron aún más. Las consignas de 'Paz, Libertad, Pan' eran parecidas a 'Paz, Tierra, Pan' de los bolcheviques", y, en Berlín, medio millón de trabajadores se movilizaron por cinco días en protesta contra las demandas anexionistas del gobierno y las conversaciones de paz en Brest-Litovsk con la Rusia soviética. Significativamente, los líderes del SPD, mientras decían que apoyaban las demandas económicas de los trabajadores, aún alegaban que debían trabajar para la 'victoria' en la guerra mundial.


...Continuará

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