06/07/2016, Tony Saunois, Socialism
Today (número Julio – Agosto 2016)
La clase trabajadora y el campesinado se levantaron
contra la explotación capitalista, la pobreza y el fascismo
Julio de 2016 marca el 80 aniversario de uno de las
mayores luchas en la historia de la clase trabajadora internacional: la Guerra
Civil y la Revolución Española. En ese momento despertó a la clase trabajadora internacional
que se unió en millares a las Brigadas Internacionales para luchar contra las
fuerzas fascistas del General Franco. La victoria de Hitler y de los nazis en
Alemania en 1933 hizo más importante la amenaza de otra victoria fascista en
España.
Las heridas dejadas por esta lucha permanecen abiertas
en la sociedad española hasta el día de hoy, incluyendo el reconocimiento a los
desaparecidos y ejecutados. La campaña para cambiar los nombres de calles en
Madrid que conmemoran a fascistas muestra la profundidad de la herida.
León Trotsky, co-líder de la Revolución Rusa de 1917,
señaló que en esta batalla épica, la heroica clase trabajadora española podría
haber ganado no una, sino diez revoluciones. Desgraciadamente y a pesar de sus
monumentales esfuerzos, la revolución fue derrotada y Franco llegó al poder
para establecer un régimen brutal que perduró durante cuatro décadas. Se estima
que 200.000 personas murieron durante la Guerra Civil y un número similar en
los años siguientes.
Si la revolución hubiera triunfado hubiera cambiado el
curso de la historia europea y mundial y podría haber evitado la horrible
carnicería que supuso la II Guerra Mundial. Sin embargo, podemos aprender
lecciones cruciales de esta sangrienta derrota para la nueva generación de la
clase trabajadora y jóvenes en lucha contra la extrema derecha, el racismo y el
capitalismo.
Elección del Frente Popular
En febrero de 1936 la coalición del Frente Popular
llegó al poder después de las elecciones. Esto iba a desatar un movimiento
revolucionario de la clase trabajadora y el campesinado pobre, y un
levantamiento fascista desde el ejército que inició la sangrienta Guerra Civil.
La victoria del Frente Popular había llegado después de años de gran agitación
y luchas de la clase trabajadora de España. El rey Alfonso había abdicado tras
la victoria en las elecciones de 1931 de partidos republicanos y socialistas. A
esto le siguió una ola de huelgas y se implementaron una serie de reformas,
pero el capitalismo no había sido derrocado. Las elecciones de 1933 dieron como
resultado la vuelta de los monárquicos y la revocación de las anteriores
reformas. En octubre de 1934 la Comuna Asturiana, un levantamiento
revolucionario con los mineros en su epicentro, fue aplastada. Al menos 5.000 murieron
y 30.000 fueron encarceladas. Ésta fue una precursora de los eventos
revolucionarios que estallaron dos años después. Su derrota fue semejante a la
de la Revolución Rusa de 1905, que fue un ensayo de la Revolución de 1917.
El Frente Popular era una coalición del Partido
Socialista Obrero Español (PSOE), el Partido Comunista de España y partidos
republicanos considerados “progresistas” y “liberales”: Izquierda Republicana,
Unión Republicana, Esquerra Republicana de Catalunya (rama catalana de
Izquierda Republicana), otros partidos más pequeños catalanes y gallegos, y
pronto se unieron también los nacionalistas vascos. Fue la coalición con estas
fuerzas capitalistas supuestamente progresistas la que se demostró como una
política fatídica.
La desastrosa teoría del ‘etapismo’ adoptada por
Stalin y la Internacional Comunista en Moscú, que dictaba la política de los
partidos comunistas alrededor del mundo, ahogaría a la clase trabajadora
española en un baño de sangre. Ésta es aún aplicada hoy por el Partido
Comunista y otros partidos de la izquierda. Fue justificada con el argumento de
que era necesario desarrollar el capitalismo en países económicamente atrasados
(como España en ese momento, donde más del 70% de la población trabajaba en la
agricultura) antes de pasar a introducir el socialismo.
Por lo tanto, según la ‘etapismo’, era necesario
ganarse a los capitalistas ‘progresistas’ y no provocarlos con medidas
consideradas demasiado radicales. Además, una vez que las fuerzas fascistas
españolas fueron movilizadas, argumentaron que la prioridad era derrotar a
Franco, lo que significaba que se necesitaba conformar un bloque con estos
capitalistas progresistas para evitar que se unieran al bando de Franco. La
misma política fue aplicada décadas más tardes en Chile, bajo la coalición
Unidad Popular de Allende (1970-1973), con consecuencias igualmente
devastadoras para la clase trabajadora.
El ‘etapismo’ en la actualidad
La experiencia de la victoriosa Revolución Rusa en
octubre de 1917 demostró que el capitalismo no podía desarrollase en países
económicamente poco desarrollados donde existía mucho campesinado. La débil
clase capitalista de estos países estaba completamente atada a los bancos y a
la economía de los poderes imperialistas, y los capitalistas y latifundistas
también estaban indisolublemente unidos. En esta situación, el desarrollo
económico e industrial, junto con los derechos democráticos y laborales, y el
derecho de auto-determinación, podían ser alcanzados solamente por la clase
trabajadora, con el apoyo del campesinado pobre, introduciendo un plan
socialista para la economía y para gestionar la sociedad democráticamente. Esto
necesitaría vincularse con la clase trabajadora de las economías capitalistas más
poderosas y la formación de una federación socialista de países.
Los que apoyan la versión moderna de esta teoría,
incluyendo a algunos en la izquierda de Podemos, defienden una primera etapa
para derrotar al ‘capitalismo neoliberal’. La idea utópica de establecer un
capitalismo ‘más humano’ está detrás de esta posición. Se olvidan de que
incluso terminar con la privatización y los recortes, aunque sería bienvenido,
no terminaría por sí mismo con la pobreza y la explotación del capitalismo como
sistema. Esto es especialmente cierto en la era actual de inestabilidad, y crisis
o estancamiento económico mundial.
Las horribles condiciones que sufre la clase
trabajadora y los pobres no terminarán simplemente cambiando un bloque de
políticas capitalistas con otro mientras el sistema se quede intacto. La
traición y capitulación a la austeridad de la Unión Europea por parte de Syriza
en Grecia muestran en la práctica los resultados de estas políticas. Mientras
que es crucial luchar por cada reforma y concesión posible para la clase
trabajadora, si éstas no están unidas a la lucha para derrotar al capitalismo e
introducir una alternativa socialista, no tendrán una base duradera.
La Revolución Española encierra lecciones muy
importantes para los partidos emergentes de izquierda, como Podemos e Izquierda
Unida en España, Die Linke en Alemania, y el Partido Socialismo e Liberdade
(PSOL) en Brasil. La idea de unirse en el gobierno con los partidos que eran
anteriormente partidos de masas de la clase trabajadora (como el PSOE, el SPD
en Alemania o el Partido de los Trabajadores o PT en Brasil) es una vía
potencial para el desastre. Éstos se han convertido completamente en partidos capitalistas
y han implementado políticas pro-capitalistas cuando han estado en el gobierno.
En lugar de empujar a estos partidos a la izquierda en las coaliciones de
gobierno, los nuevos partidos serían prisioneros en coaliciones a nivel estatal
o regional. Como muestran los eventos de hace 80 años en España, esto solamente
lleva al desastre. También ilustra esto el colapso en Italia en 2008 de
Rifondazione Comunista (PRC), que se había comprometido en numerosas
coaliciones.

Ola revolucionaria
La victoria electoral del Frente Popular en España en
1936 actuó como un detonante para las masas que no esperaron a que el gobierno
aprobara su programa en el parlamento. Por el contrario, ellas mismas tomaron
las calles y lo implementaron en 48 horas. Echaron de las fábricas a los
gerentes con vínculos conocidos o simpatías con los fascistas, introdujeron una
semana laboral de 44 horas, ocuparon tierras y fábricas, readmitieron a
trabajadores despedidos y criminalizados, y se liberaron a unos 30.000
prisioneros políticos.
Los capitalistas ‘liberales’ solamente querían volver
a la Constitución de 1931 y tomaron medidas para protegerse económicamente,
subiendo precios entra otras medidas. Esto provocó nuevas revueltas. La clase
trabajadora mostró su determinación en 113 huelgas generales locales en los
cinco meses siguientes a la elección del Frente Popular. Fue esta enorme ola
revolucionaria la que aterrorizó a la clase dirigente, y no la elección del
Frente Popular en sí.
Durante este periodo las fuerzas fascistas, la
patronal y los latifundistas maquinaron y se prepararon. El 17 de julio empezó
el levantamiento fascista con una rebelión militar en Marruecos, que había sido
dejado en manos de mercenarios moros y legionarios. Los partidos capitalistas
del Frente Popular realmente no representaban a la clase capitalista sino, como
Trotsky señaló, a su ‘sombra’. Los capitalistas se fueron en bloque al bando de
los fascistas para defender sus propios intereses. Pero la sombra del
capitalismo español actuaría como un caballo de Troya dentro del Frente
Popular. Mientras la clase dirigente hacía sus planes con los fascistas, el
gobierno intentaba negociar con los conspiradores.
Sin embargo, las masas no lo duraron, con la clase
trabajadora de Barcelona al frente. Inmediatamente comenzaron la lucha,
entendiendo la amenaza que suponían los fascistas. Habían experimentado la
masacre de la Comuna Asturiana en 1934 y los dos años de represión brutal que
lo siguieron. Cientos de miles tomaron las calles, pidiendo armas para luchar
contra los fascistas, pero el gobierno ignoró sus demandas. Si dependiera de
las deliberaciones del gobierno del Frente Popular, seguramente éste hubiera
capitulado al golpe militar.
Pero las masas no le permitieron ese lujo. El 19 de
julio la clase trabajadora de Barcelona tomó la iniciativa y atacó los primeros
cuarteles mientras los militares se preparaban para movilizarse. Armados con
patas de sillas, dinamita tomada de obras, algunos rifles de caza y armas
obtenidas de algunos policías simpatizantes, se enfrentaron a los militares.
Lucharon como leones y apelaron a los soldados rasos para conseguir una
victoria histórica. Felix Morrow relata en su excelente libro “Revolución y
contra-revolución en España” que “al día siguiente, a las 2 pm, eran los dueños
de Barcelona”. En días toda Catalunya estaba en manos de la clase trabajadora.
Esto tuvo un eco en Madrid donde el gobierno se había
negado a armar a la clase trabajadora. En Málaga, un puerto crucial frente a
Marruecos, los trabajadores tuvieron la genial idea de encender una muralla de
fuego alrededor de los cuarteles para evitar que se fueran los militares. A
medida que se extendía el movimiento, hasta cuatro quintas partes del
territorio estaban de manera efectiva bajo control de la clase trabajadora y el
campesinado. Los capitalistas ‘liberales’ habían perdido la iniciativa.
Batallas en la izquierda
Sin embargo, a pesar de la tremenda muestra de
heroísmo e ingenio, la clase trabajadora fue bloqueada por la actuación y las
políticas de sus partidos y líderes. La falta de un partido marxista de masas
con un programa claro para organizar, consolidar y llevar las victorias de la
revolución hacia adelante, enterrar definitivamente el capitalismo y establecer
una democracia obrera, fue fatal.
El papel más pernicioso lo tuvieron los líderes
estalinistas del Partido Comunista de España (PCE) que fue el que defendió de
forma más abierta el etapismo. Se convirtió en la fuerza crucial para que la
clase capitalista pudiera finalmente recuperar su posición, disolver las
milicias obreras y hacer descarrilar la revolución. En el proceso, los estalinistas
realizaron una represión brutal contra otras fuerzas de la izquierda que se les
oponían como el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) establecido por
antiguos trotskistas y parte del Frente Popular. Uno de sus líderes, Andrés
Nin, fue torturado y ejecutado por el PCE y sus agentes. Otros muchos en la
izquierda anti-estalinista se enfrentaron al mismo destino.
Estas acciones brutales estaban directamente
vinculadas con la contra-revolución política que estaba dándose en la Unión
Soviética. Incluso agentes o representantes del régimen de Stalin en España que
habían sido influidos por la revolución fueron ejecutados cuando regresaron a
casa. Este fue el caso de Vladimir Antonov-Ovseyenko, el embajador de Rusia en
España. Éste había enviado informes a Moscú recomendando a Stalin apoyar las
luchas revolucionarias que se estaban dando.
Inicialmente los estalinistas no habían tenido una
gran fuerza en España. Conquistaron su posición mayormente debido a un error
cometido por los simpatizantes de Trotsky en España (parte de la Oposición
Internacional de Izquierda) cuando no aceptaron la oferta de la federación
joven del PSOE en 1934 para ayudar a ‘bolchevizarla’, a pesar de que Trotsky
les instó a que lo hicieran. Esto fue un factor que contribuyó a que los
estalinistas tuvieran la oportunidad de integrarse y construir una base fuerte.
Por su parte, el PSOE estaba dividido en dos alas: el
ala derecha liderada por Indalecio Prieto, y la izquierda por Largo Caballero.
Caballero no comenzó su vida política en la izquierda. Había servido como
consejero de estado durante la dictadura de Primo de Rivera de 19323-30. Sin
embargo, su propia experiencia, en especial los efectos del movimiento
revolucionario, lo movieron a la izquierda. En la actualidad podemos ver
también desarrollos similares, influenciados por la lucha de las masas. Por
ejemplo, en las primarias estadounidenses, Bernie Sanders se ha movido hacia la
izquierda debido a los millones de personas atraídas por su campaña.
En España, reflejando las turbulencias
revolucionarias, esto fue mucho más lejos. Caballero, anteriormente líder de la
Unión General de Trabajadores o UGT, el sindicato vinculado con el PSOE, se le
llegó a llamar el “Lenin de la Revolución Española”. Desgraciadamente él no fue
capaz de llegar a las mismas conclusiones políticas que Lenin en Rusia y sus
errores contribuyeron decisivamente a la derrota de la revolución en España.
Sus frases y declaraciones marcadamente revolucionarias no se correspondían con
acciones o hechos concretos.
Las divisiones en el PSOE entre las dos alas
anteriormente a la revuelta fascista les estaban llevando a una escisión en el
partido. Prieto consiguió forzar un retraso en el congreso del partido. La
ejecutiva prohibió el periódico de Caballero, Claridad, y reorganizó los
distritos controlados por éste. Entonces, cuando estallaron la revolución y la Guerra
Civil, el ala de Caballero, aunque tenía la mayoría dentro del PSOE, permitió a
Prieto tomar el control de la sede central del partido para mantener la
‘harmonía’. Después desistieron de tomar ningún otro paso para hacerse con el
control del partido. Aquí hay lecciones para la Gran Bretaña de hoy y los
intentos de Jeremy Corbyn de apaciguar a la derecha pro-Blair del Partido
Laborista y no confrontarlos.
En la cumbre de su fervor revolucionario, Caballero
criticó a Prieto, el estalinismo y los elementos burgueses del gobierno. Sin
embargo, sin una alternativa o deseo claro de llevar la revolución a su fin,
cada vez fue acercándose más a ellos hasta que encabezó el gobierno en
septiembre de 1936. Durante su presidencia tomó medidas que había criticado
previamente, como tomar pasos hacia la disolución de las milicias, y éstas
fueron reemplazadas por una unidad militar separada bajo el control del
gobierno (un intento de reconstruir la maquinaria del estado capitalista).
Finalmente, el comité central de las milicias fue disuelto y su poder pasó a
los ministros de defensa e interior. Después de haber sido útil a las fuerzas
de la contrarrevolución, Caballero fue destituido en mayo de 1937.
Anarquistas y trabajadores revolucionarios
La coalición del Frente Popular fue un bloque decisivo
para la clase trabajadora y tuvo consecuencias desastrosas. En Catalunya, la
anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) tenía una base enorme entre
las que se encontraban los trabajadores más revolucionarios. Pero la denuncia
ideológica del anarquismo del estado en general incapacitó a los líderes
anarquistas para distinguir la diferencia entre un estado obrero y un estado
capitalista.
Esta confusión incluso dio como resultado la situación
contradictoria por la que una organización anarquista (contraria a cualquier
estado) entró en el gobierno liderado por Caballero en Madrid. La CNT también
se unió al gobierno de Catalunya junto con otros partidos capitalistas. Sus
líderes finalmente no consiguieron utilizar el poder e influencia de la CNT por
miedo a provocar una ‘guerra civil dentro de la guerra civil’. Sin embargo,
ésta ya se estaba produciendo ya que la contrarrevolución avanzaba, eliminando
todas las conquistas de la clase trabajadora.
Esto llegó a un límite en Barcelona en mayo de 1937
cuando las fuerzas del gobierno intentaron tomar la central telefónica, un
bastión de la CNT y la clase trabajadora revolucionaria, como provocación y
desafío a su poder. Trabajadores de toda Barcelona se unieron contra el asalto
y se levantaron barricadas en toda la ciudad desencadenando un nuevo aumento de
la lucha. Éste fue un símbolo del poder dual que se estaba desarrollando en
España. Éste surge en cada revolución cuando hay un equilibrio en el control
sobre la sociedad y la clase dirigente es demasiado débil para controlar los
acontecimientos. Estas situaciones no pueden durar indefinidamente: o bien la
clase trabajadora establece su propio estado o bien la clase dirigente retoma
el poder en sus manos.
El otro partido que podría haber ofrecido una salida a
este bloqueo era el POUM. Su militancia había explotado de 1.000 a 30.000
miembros en solamente 6 semanas durante los eventos de 1936. Al final de ese
año, había crecido aproximadamente hasta los 70.000. Su base estaba
principalmente en Catalunya y había adoptado un rol revolucionario más
combativo, pero también había cometido errores graves. Hubo un momento en el
que se unió al gobierno de la Generalitat, antes de que fueran expulsados de él
en diciembre de 1936. Esto desorientó a los trabajadores. En junio de 1937 el
POUM fue ilegalizado por el gobierno central y sus líderes arrestados.
Al mismo tiempo, el POUM trató de apoyarse en los
líderes de la CNT, teniendo discusiones secretas con ellos, en lugar de poner
claramente sobre la mesa una política independiente. Por lo tanto, en vez de
enviar sus milicias con las enormes bases de la CNT en Catalunya, trabajó con
el sindicato mucho más pequeño UGT. Y en lugar de hacer propaganda por una
política revolucionaria clara entre las bases de la milicia de la CNT formaron
destacamentos separados.
Con un programa socialista audaz podría haber atraído
a los trabajadores más revolucionarios entre los anarquistas de la CNT que se
oponían a las políticas de sus líderes. En particular, el POUM podría haber
ayudado a las fuerzas organizadas en el frente de Aragón alrededor de los
Amigos de Durruti que estaban avanzando militarmente. Éstos luchaban como un
ejército de liberación social en lugar de separar la lucha militar contra los
fascistas de la revolución social. Si el POUM hubiera actuado de esa manera,
podría haber emergido un genuino partido marxista revolucionario de masas.
Potencial de un estado de los
trabajadores
Sin embargo, ¿es realmente posible que una fuerza de
este tipo, basada principalmente en Catalunya, podría haber triunfado contra la
marea de la Guerra Civil? La respuesta brevemente es sí, dada la escala del
movimiento revolucionario, la movilización de masas y la radicalización. Si un
partido como éste hubiera emergido podría haber tomado los pasos necesarios
para que la clase trabajadora tomara el poder en Catalunya. Desde ahí, habría
apelado a la clase trabajadora y se hubiera extendido rápidamente al resto del
estado español como un ejemplo a seguir. Al no actuar de esta forma, sin
embargo, el POUM perdió una oportunidad de oro, y esto abrió una vía para la
victoria fascista.
Uno de los pasos necesarios para llevar la revolución
hacia la victoria era la creación de comités de trabajadores. Éstos no se
formaron durante la Revolución Española y fue una de sus debilidades cruciales.
Ninguno de los partidos apoyó su formación o dio pasos para iniciarlos. Los
comités de trabajadores (conocidos como ‘soviets’ en Rusia) que surgieron
durante la Revolución Rusa estaban formados por delegados electos de los centros
de trabajo, todos ellos sujetos a revocación. Cada partido participaba en estas
elecciones y los soviets se convirtieron tanto en órganos de lucha como base
potencial para un estado de los trabajadores cuando se vincularan en congresos
regionales y estatales.
La izquierda del PSOE se oponía a la formación de los
comités de trabajadores y argumentaban que el PSOE podría haber jugado este
papel. También apoyaban una fusión con los estalinistas. En otras palabras, la
tarea tendría que esperar hasta que una mayoría de los trabajadores hubieran
decidido unirse al PSOE. En España, los comités estaban formados
mayoritariamente por representantes de los diferentes partidos, en lugar de
involucrar, representar y organizar a las masas comprometidas en el movimiento
revolucionario. Las milicias estaban separadas y organizadas por partidos. En
las milicias, los líderes del partido nombraban a los comandantes.
La Guerra Civil continuó hasta 1939 cuando Franco
finalmente triunfó. La derrota en Barcelona en 1937 había sido un punto de
inflexión. Desde entonces se convirtió en un conflicto militar mientras las
masas estaban cada vez más desalentadas y derrotadas. Paradójicamente, la Guerra
Civil terminó con una dictadura en ambas partes de España ya que el
‘republicano’ coronel Casado, junto con José Miaja, tomaron el poder de los
republicanos ‘demócratas’ y abrieron negociaciones con Franco. Esto llevó al
colapso de las áreas controladas por los republicanos y a que Franco se
convirtiera en dictador de España.
La España de hoy en día es muy diferente de la de los
años 1930, y las batallas en los años siguientes tomarán una forma diferente.
Aun así, las lecciones de estas luchas de la clase trabajadora durante la
revolución, y de los eventos de la Guerra Civil, tienen un valor incalculable
para la clase trabajadora y jóvenes internacionalmente en su lucha contra el
racismo, la extrema derecha y el capitalismo. Si estas lecciones son aprendidas
los sacrificios hechos por esta heroica generación no habrán sido en vano.
Cronología
1931
Abril: la revolución establece la Segunda República.
El Rey Alfonso marcha al exilio. Se introducen reformas.
Julio-Agosto: ola de huelgas. La huelga general en
Sevilla es reprimida por el gobierno republicano.
1933
Noviembre: la derecha y los monárquicos ganan las
elecciones generales.
1934
Octubre-Noviembre: la huelga general es derrotada.
Franco aplasta la Comuna Asturiana.
1935
Agosto: La Internacional Comunista proclama la
política del Frente Popular
Septiembre: fundación del POUM
1936
Febrero: el Frente Popular gana las elecciones,
desencadenando un enorme movimiento revolucionario
Julio: el levantamiento fascista comienza en Marruecos
y se extiende por España. Los
trabajadores toman las armas cuando el gobierno de la Generalitat catalana
rechaza distribuirlas.
Agosto: Pacto francés-británico de no intervención
Septiembre: Largo Caballero se convierte en presidente
del gobierno con la condición de que el PCE se una a él. La CNT y el POUM se
unen al gobierno de la Generalitat
Octubre: el gobierno elimina la independencia de las
milicias. Comienza el asedio a Madrid.
Noviembre: los anarquistas se unen al gobierno central
en Madrid
Diciembre: el POUM es expulsado del gobierno
1937
Abril: las fuerzas aéreas nazis alemanas y las
fascistas italianas bombardean la ciudad vasca de Guernica
Mayo: el gobierno trata de tomar el edificio de la
compañía telefónica, lo que lleva a un aumento de la lucha de los trabajadores.
Negrín (a la derecha del PSOE) se convierte en presidente del gobierno
Junio: el POUM es ilegalizado y sus líderes arrestados
1938
Enero: comienza el bombardeo de Barcelona
Abril-Junio: las fuerzas de Franco cortan España por
la mitad
Septiembre: última batalla de las brigadas
internacionales
1939
Enero: Barcelona se rinde, seguida de Madrid y
Valencia en marzo
Febrero: Francia y Gran Bretaña reconocen el régimen
de Franco
Agosto: se firma el pacto Stalin-Hitler
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