Una carta de Federico Engels

Posted by Nuestra publicación: on jueves, marzo 20, 2008


A Florence Kelley-Wischnewetzky
En Nueva York
Londres, 28 de diciembre de 1886
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Mi prefacio[*] tratará enteramente, como es lógico, de los inmensos éxitos logrados por los obreros norteamericanos en los 10 meses últimos y, desde luego, se referirá también a Henry George y a su programa agrario. Sin embargo, no puede pretender a una exposición circunstanciada del problema; además, no creo que haya llegado la hora de hacerlo. Es mucho más importante que el movimiento se extienda, que progrese regularmente, que arraigue y abarque en lo posible a todo el proletariado norteamericano, a fin de que arranque y progrese desde el comienzo sobre una base correcta y teóricamente perfecta. No hay mejor camino para lograr una clara comprensión teórica que el de durch Schaden klug werden [aprender en los errores propios], en la amarga experiencia propia. Y para una clase entera y grande no existe otro camino, sobre todo en una nación tan eminentemente práctica, que desprecia tanto la teoría, como los norteamericanos. Lo importante es llevar a la clase obrera a que se ponga en movimiento como clase; una vez logrado eso, no tardará en hallar el camino seguro, y quien se le oponga, H. G. o Powderly, será echado tranquilamente por la borda con sus pequeñas sectas. Por eso veo también en los K. of L.[1] un factor muy importante en el movimiento, al que no se debe vilipendiar desde fuera, sino revolucionarlo desde dentro. A mi juicio, muchos alemanes que viven en Norteamérica han cometido un grave error cuando, al verse cara a cara con el poderoso y glorioso movimiento fundado sin su participación, intentaron convertir su teoría importada y no siempre entendida correctamente, en algo así como un alleinse ligmachendes Dogma [un dogma que lo salva todo] y se mantuvieron apartados de todo movimiento que no aceptaba ese dogma. Nuestra teoría no es un dogma, sino la exposición de un proceso de evolución que comprende varias fases consecutivas. Esperar que los norteamericanos emprendan el movimiento con plena conciencia de la teoría formada en los países industriales más antiguos es esperar lo imposible. Los alemanes debían haber procedido de acuerdo con su propia teoría, si la comprendieron como nosotros la entendimos en 1845-1848, debían haber participado en todo movimiento obrero verdaderamente general, aceptando el punto de partida faktische [de hecho] de la clase obrera y elevándola gradualmente al nivel de la teoría, señalando que cada error cometido, cada revés era consecuencia inevitable de los errores de orden teórico en el programa original. Debían, como lo dice el Manifiesto del Partido Comunista, in der Gegenwart der Bewegung die Zukunft der Bewegung zu repräsentieren [defender dentro del movimiento actual el porvenir de ese movimiento][**]. Pero, antes que nada, dejen que el movimiento se consolide, no aumenten la confusión inevitable en los primeros tiempos, imponiendo a las gentes cosas que no pueden en el momento presente valorar como es debido, pero que lo aprenderán bien pronto. Un millón o dos millones de votos obreros en noviembre del año próximo por un partido de obreros bona fide tiene un valor infinitamente mayor en el presente que cien millones de votos por una plataforma doctrinalmente perfecta. La primera tentativa seria de unir a las masas a escala nacional --pronto habrá que emprenderla, caso de que el movimiento progrese-- los pondrá a todos cara a cara: los adeptos de Georges, los de los K. of L., los tradeunionistas, etc. Y si nuestros amigos alemanes aprenden bastante el idioma del país hacia entonces para tomar parte en las discusiones, será pues el momento oportuno para que critiquen los puntos de vista de los demás y, una vez probado lo insostenible de las distintas posturas, para que lleven a los obreros a la comprensión de su posición actual, posición creada por la relación entre el capital y el trabajo asalariado. Pero yo consideraría gran error todo lo que pudiese retardar o impedir esta consolidación nacional del partido obrero --sobre no importa qué plataforma-- y, por tanto, no pienso que haya llegado ya el momento para exponer enteramente y a fondo la actitud, tanto respecto de Henry George, como de los "Knights of Labor".
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NOTAS
[*] F. Engels, El movimiento obrero en Norteamérica. Prefacio a la edición norteamericana de «La situación de la clase obrera en Inglaterra». (N. de la Edit.)
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[**] Véase la presente edición [C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1974], t. 1, pág. 139. (N. de la Edit.)
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[1] Knights of Labor («Orden de los caballeros de trabajo»): organización de los obreros norteamericanos fundada en 1869 en Filadelfia; tenía hasta 1878 un carácter de una sociedad secreta; la Orden agrupaba principalmente a los obreros no calificados, incluidos los negros; se planteaba la creación de cooperativas y la organización de ayuda mutua. La dirección de la Orden negaba, en esencia, la participación de los obreros en la lucha política y propugnaba la colaboración de clases; en 1886, la dirección de la Orden se opuso a la huelga nacional, prohibiendo a sus miembros la participación en ella; a pesar de ello, los miembros de filas de la Orden tomaron parte en la huelga, después de lo cual la Orden comenzó a perder influencia entre la masa obrera, disgregándose a fines de la década del 90.
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Fuente: C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1974, t. III, págs. 508-510, 568.Digitalización: Juan Rafael Fajardo, para el Marxists Internet Archive, marzo de 2001